Se van...
los recuerdos de sonrisas cómplices
hincados en la aguja del reloj
y el corazón de tristeza
queda desangrándose.
Se van
las insomnes horas compartidas
engarzadas en las alas del viento
que giran el bolsillo del mar
y golpean las paredes del ocaso.
Se van...
las cenizas de nuestros cuerpos en llamas.
Vuelan entre las sombras de las nubes
que obnubilan la visión y aceleran los latidos
que pronuncian en silencio nuestros nombres.
Se van
mi tristeza y mis lágrimas.
Llevan una extricta orden
que al llegar a ti
besen tus labios y se conviertan en sonrisa.
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