Se ve que aflora sin miedo
como pez surcando el agua.
Se ve en el gesto sincero
en la piedra que resbala.
Desparpajo en las pestañas,
rítmicas en sus andanzas,
con la fuerza de las olas
que provoca la mar brava.
Camina con el aplomo
de la lluvia en las ventanas
y conoce el disimulo
de las piedras en las charcas.
Sin mirar ya te seduce,
sin querer ya te compara.
Al empuje de peinetas
de mujer enamorada.