José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
S álvate, deshazte de ese lastre que te arrastra a la locura
E nfría ese corazón caliente de carbón negro y amargura
B linda de emociones adversas las habitaciones de tu alma
A rmando con lanzas y picas a los guardianes de tu hacienda.
S álvate, no mires atrás si no ves una luz encendida
T apa las ventanas, corre las cortinas, no dejes que te afecte la luz vencida.
I nicia una nueva etapa donde tú serás el nuevo guía
Á nimas y almas de otros tiempos te esperan en un caos con orden incierto.
N o rechaces las ayudas de esas ánimas floridas, en su propio caos, hay concierto.
P remios, honores, halagos, todo a plazo vencido, vendrán ahora, cuando tú ya te has ido.
A horra lágrimas y dolor, que los que de verdad te quisieron, te lo dijeron antes de tu adiós.
L lena ahora tu nuevo mundo de los recuerdos que no tuviste
O frece tu corazón en polvo, a quienes lo quieran liberar de la urna de cristal.
M anifiéstales que les has querido, aunque te negaran el último adiós el día que la muerte te sorprendió.
O lvidate de ese dolor que te infligió aquel antiguo amor y no te olvides de los vástagos que te dio.
L ienzos rojo amapola se extenderán a lo ancho de tu nuevo mundo.
I luminarán con tu luz la oscuridad absurda de los vanos inertes del puente de la agonía.
N ubes blancas de algodón candente decorarán las paredes de tus cuadros ausentes.
A maneciendo nuevos días sin color en tu paleta, con el luto carbón tiznando tu maleta.
R ecibe sin reparo, los abrazos del mundo del arte en lienzos taurinos del toro bravo.
E spanta y aleja de tu íntima influencia las efímeras obras que no alcanzan a ver tu destreza.
S alpícanos de colores, pintando el luto de blanco y al diestro de viva plata.
E nfría ese corazón caliente de carbón negro y amargura
B linda de emociones adversas las habitaciones de tu alma
A rmando con lanzas y picas a los guardianes de tu hacienda.
S álvate, no mires atrás si no ves una luz encendida
T apa las ventanas, corre las cortinas, no dejes que te afecte la luz vencida.
I nicia una nueva etapa donde tú serás el nuevo guía
Á nimas y almas de otros tiempos te esperan en un caos con orden incierto.
N o rechaces las ayudas de esas ánimas floridas, en su propio caos, hay concierto.
P remios, honores, halagos, todo a plazo vencido, vendrán ahora, cuando tú ya te has ido.
A horra lágrimas y dolor, que los que de verdad te quisieron, te lo dijeron antes de tu adiós.
L lena ahora tu nuevo mundo de los recuerdos que no tuviste
O frece tu corazón en polvo, a quienes lo quieran liberar de la urna de cristal.
M anifiéstales que les has querido, aunque te negaran el último adiós el día que la muerte te sorprendió.
O lvidate de ese dolor que te infligió aquel antiguo amor y no te olvides de los vástagos que te dio.
L ienzos rojo amapola se extenderán a lo ancho de tu nuevo mundo.
I luminarán con tu luz la oscuridad absurda de los vanos inertes del puente de la agonía.
N ubes blancas de algodón candente decorarán las paredes de tus cuadros ausentes.
A maneciendo nuevos días sin color en tu paleta, con el luto carbón tiznando tu maleta.
R ecibe sin reparo, los abrazos del mundo del arte en lienzos taurinos del toro bravo.
E spanta y aleja de tu íntima influencia las efímeras obras que no alcanzan a ver tu destreza.
S alpícanos de colores, pintando el luto de blanco y al diestro de viva plata.