Nýcolas
Poeta asiduo al portal
silencio, silencio, escribir en silencio
y sin música porque ni siquiera aquí
y en mi alma resuenan melodías.
un canto, ojalá supiera cantar. no tengo alma.
ojalá supiera que los corazones existen,
precipicio, precipicio, lo he perdido todo.
fuera de este mundo y arrojado aquí en la tierra
como aquel primogénito de alas de aluminio
pudiese yo algún día tener una conciencia.
una pequeña se ha extraviado en torrentes
transparentes no obstante de mentiras
que en el mar tienen forma de sol.
una pequeña se encuentra en el túnel,
una semana me dicen los santos, y
yo no observo y escucho más que a sus cuernos.
y también tengo dos que el hálito fisura;
ella es tan bella en sus ondas nocturnas...
¡le rezo al demonio ojalá existan los deseos!
si no fuesen más que ilusiones que encubren
el monstruoso rostro del vacío inerte
pero puedo ver las estrellas... las estrellas.
paralizado en mi lecho viajando cual una lágrima
de ojo en ojo a la velocidad de un cráter
y azotado en las espaldas por pálida poesía.
jesús cargó una cruz en el camino a su sacrificio,
yo cargo una flor en el camino del destino,
¿qué pesa más sino un perfume cuya sangre...?
he besado a ishtar en pública morada lujuriosa,
sintió en mí algo que latía, díjome, ¡un diamante!
hay que traficar, hay que traficar, me dije.
¡malditos!, ¿quién me ha robado el sueño?
y en su ausencia ahora soy yo de mi insomnio el dueño
como si mi carne no se marchitara mañana.
cuánta libertad hay en el cielo, oh mar de los anhelos;
cuánto sufrimiento hay en la tierra, vacuidad eterna;
¡¡que estas próximas líneas sean magia!! ¡¡magia!!
antes muerto que sin vida entre sus costillas
blancas como la luna y frías como la esperanza,
radiante mi paloma blanca con plumas enruladas.
aquí te espero solo en la montaña, desnudo,
cual un fauno que secretamente llora a la sombra
altiva de los árboles más sabios, despojado de su alma.
dádivas sean tus palabras y dulces penetren a mi oído,
aurora lo que en tu pecho yazca y relumbre en mi pupila
bien por siempre, bien por siempre, bien por siempre...
rojiza brizna de un amor cósmico te espera, no huyas,
alígera belleza de semblante mustio, aquí estoy aguardándonos.
y sin música porque ni siquiera aquí
y en mi alma resuenan melodías.
un canto, ojalá supiera cantar. no tengo alma.
ojalá supiera que los corazones existen,
precipicio, precipicio, lo he perdido todo.
fuera de este mundo y arrojado aquí en la tierra
como aquel primogénito de alas de aluminio
pudiese yo algún día tener una conciencia.
una pequeña se ha extraviado en torrentes
transparentes no obstante de mentiras
que en el mar tienen forma de sol.
una pequeña se encuentra en el túnel,
una semana me dicen los santos, y
yo no observo y escucho más que a sus cuernos.
y también tengo dos que el hálito fisura;
ella es tan bella en sus ondas nocturnas...
¡le rezo al demonio ojalá existan los deseos!
si no fuesen más que ilusiones que encubren
el monstruoso rostro del vacío inerte
pero puedo ver las estrellas... las estrellas.
paralizado en mi lecho viajando cual una lágrima
de ojo en ojo a la velocidad de un cráter
y azotado en las espaldas por pálida poesía.
jesús cargó una cruz en el camino a su sacrificio,
yo cargo una flor en el camino del destino,
¿qué pesa más sino un perfume cuya sangre...?
he besado a ishtar en pública morada lujuriosa,
sintió en mí algo que latía, díjome, ¡un diamante!
hay que traficar, hay que traficar, me dije.
¡malditos!, ¿quién me ha robado el sueño?
y en su ausencia ahora soy yo de mi insomnio el dueño
como si mi carne no se marchitara mañana.
cuánta libertad hay en el cielo, oh mar de los anhelos;
cuánto sufrimiento hay en la tierra, vacuidad eterna;
¡¡que estas próximas líneas sean magia!! ¡¡magia!!
antes muerto que sin vida entre sus costillas
blancas como la luna y frías como la esperanza,
radiante mi paloma blanca con plumas enruladas.
aquí te espero solo en la montaña, desnudo,
cual un fauno que secretamente llora a la sombra
altiva de los árboles más sabios, despojado de su alma.
dádivas sean tus palabras y dulces penetren a mi oído,
aurora lo que en tu pecho yazca y relumbre en mi pupila
bien por siempre, bien por siempre, bien por siempre...
rojiza brizna de un amor cósmico te espera, no huyas,
alígera belleza de semblante mustio, aquí estoy aguardándonos.