SergioPuch
Poeta recién llegado
Capítulo I
La muerte
El goteo constante del grifo comenzó entonces a fastidiarme...intenté separar mis pesados parpados pero las lagañas lo impedían. Lo intenté de nuevo y lo logré.
Abrí mis ojos, enchufé mis cinco sentidos, y tras escuchar un rato el soplo vespertino del hálito comencé a escuchar gritos incesantes provenientes del cuarto de mis progenitores. La curiosidad me invadió y procedí a juntar mi pequeña oreja hacia el borde de la puerta para poder escuchar mejor.
Mi padre, en aparente estado etílico empezó a romper cosas por toda la habitación y a balbucear palabras de alto calibre a mi dulce madre. Ella, desconsolada, solo se dedicaba a llorar, no musitaba ni un solo movimiento, estaba en shock.
Mi padre tenía una actitud azorada, o por lo menos cada vez que se embriagaba asumía esa postura. Cada día era un discurso nuevo, desde el cómo llegó a la pobreza a la casa hasta este último:
-¿Qué clase de mujer te creíste en el momento que me escondiste toda esta mentira sobre tu embarazo? Con este engendro se apagó la llama, dejó de existir el futuro y nuestra economía se fue al carajo, tú sabes lo que pienso de los hijos y del matrimonio, no eres más que una mujerzuela que se hace llamar dama, tan llena de promiscuidad y de ideales mundanos que incluso madame Bovary queda como una virgen a tu lado. No sé qué hago aquí contigo, no sé ni por qué estás viva mujer de mierda.-
Los escalofríos recorrieron mi cuerpo al escuchar esa inminente amenaza de muerte, en ese instante entré en shock, no sabía qué hacer, tenía miedo y muchas ansias de hacer algo pero ese miedo me contuvo y me apaciguó por un momento. Lo mejor era seguir escuchando y luego actuar después
Después de escuchar los gritos de tan alta estirpe del sujeto(nombre que llevará desde ahora), reaccioné y me di cuenta de que era momento de parar todo esto, darle punto final y evitar que mi madre salga más lastimada de lo que estaba hasta ese instante. Cogí el teléfono e intenté llamar a la policía, pero gracias a nuestra dichosa situación económica esto nunca sucedería pues teníamos una deuda pendiente hace ya unos meses; ansioso por dar este episodio por concluido decidí enfrentármele
Me armé de valor y fui en búsqueda de los brazos de mi madre. Le murmuré al oído un te quiero y acaricié su bello rostro mientras le susurraba al oído que era momento de acabar con esto, que debíamos mudarnos ser felices y buscar nuestra mejoría solos.
Mi madre, después de escucharme me dijo que me amaba pero que ya había sufrido demasiado, que era hora de partir, corrió directamente hacia la ventana y brincó un salto. Doce pisos se encargaron de aniquilarla .
En ese instante corrí rápidamente los doce pisos del departamento para ir a ver a mi madre. Al llegar vi su rostro desfigurado, su cara ensangrentada y parte de sus piernas trituradas y con los huesos salidos producto de la caída. Comencé a llorar, no podía pensar en que de verdad estuviera muerta, la llamaba, le decía madre dime algo, haz algo, muévete pero por favor no mueras; sin embargo nunca lo hizo, mi madre había fallecido.
Los minutos se hacían eternos al ver a toda la multitud acercándose a ver el incidente. Ya no eran ni una ni dos personas, eran unas veinte a mi alrededor. Lloraba yo sin intenciones de quedarme callado pero los policías intentaron conciliar mi desgracia. Tomaron su cuerpo, lo llevaron a la cajuela de la camioneta y se la llevaron; nunca más volvería a ver a mi madre.
En cuanto al individuo, nunca se supo nada de él, en realidad nunca nadie se esforzó por encontrarlo; nadie a excepción mía; que anhelaba por darle algo de su propia medicina, una muerte occisa.
La muerte
El goteo constante del grifo comenzó entonces a fastidiarme...intenté separar mis pesados parpados pero las lagañas lo impedían. Lo intenté de nuevo y lo logré.
Abrí mis ojos, enchufé mis cinco sentidos, y tras escuchar un rato el soplo vespertino del hálito comencé a escuchar gritos incesantes provenientes del cuarto de mis progenitores. La curiosidad me invadió y procedí a juntar mi pequeña oreja hacia el borde de la puerta para poder escuchar mejor.
Mi padre, en aparente estado etílico empezó a romper cosas por toda la habitación y a balbucear palabras de alto calibre a mi dulce madre. Ella, desconsolada, solo se dedicaba a llorar, no musitaba ni un solo movimiento, estaba en shock.
Mi padre tenía una actitud azorada, o por lo menos cada vez que se embriagaba asumía esa postura. Cada día era un discurso nuevo, desde el cómo llegó a la pobreza a la casa hasta este último:
-¿Qué clase de mujer te creíste en el momento que me escondiste toda esta mentira sobre tu embarazo? Con este engendro se apagó la llama, dejó de existir el futuro y nuestra economía se fue al carajo, tú sabes lo que pienso de los hijos y del matrimonio, no eres más que una mujerzuela que se hace llamar dama, tan llena de promiscuidad y de ideales mundanos que incluso madame Bovary queda como una virgen a tu lado. No sé qué hago aquí contigo, no sé ni por qué estás viva mujer de mierda.-
Los escalofríos recorrieron mi cuerpo al escuchar esa inminente amenaza de muerte, en ese instante entré en shock, no sabía qué hacer, tenía miedo y muchas ansias de hacer algo pero ese miedo me contuvo y me apaciguó por un momento. Lo mejor era seguir escuchando y luego actuar después
Después de escuchar los gritos de tan alta estirpe del sujeto(nombre que llevará desde ahora), reaccioné y me di cuenta de que era momento de parar todo esto, darle punto final y evitar que mi madre salga más lastimada de lo que estaba hasta ese instante. Cogí el teléfono e intenté llamar a la policía, pero gracias a nuestra dichosa situación económica esto nunca sucedería pues teníamos una deuda pendiente hace ya unos meses; ansioso por dar este episodio por concluido decidí enfrentármele
Me armé de valor y fui en búsqueda de los brazos de mi madre. Le murmuré al oído un te quiero y acaricié su bello rostro mientras le susurraba al oído que era momento de acabar con esto, que debíamos mudarnos ser felices y buscar nuestra mejoría solos.
Mi madre, después de escucharme me dijo que me amaba pero que ya había sufrido demasiado, que era hora de partir, corrió directamente hacia la ventana y brincó un salto. Doce pisos se encargaron de aniquilarla .
En ese instante corrí rápidamente los doce pisos del departamento para ir a ver a mi madre. Al llegar vi su rostro desfigurado, su cara ensangrentada y parte de sus piernas trituradas y con los huesos salidos producto de la caída. Comencé a llorar, no podía pensar en que de verdad estuviera muerta, la llamaba, le decía madre dime algo, haz algo, muévete pero por favor no mueras; sin embargo nunca lo hizo, mi madre había fallecido.
Los minutos se hacían eternos al ver a toda la multitud acercándose a ver el incidente. Ya no eran ni una ni dos personas, eran unas veinte a mi alrededor. Lloraba yo sin intenciones de quedarme callado pero los policías intentaron conciliar mi desgracia. Tomaron su cuerpo, lo llevaron a la cajuela de la camioneta y se la llevaron; nunca más volvería a ver a mi madre.
En cuanto al individuo, nunca se supo nada de él, en realidad nunca nadie se esforzó por encontrarlo; nadie a excepción mía; que anhelaba por darle algo de su propia medicina, una muerte occisa.