Oona
Poeta recién llegado
Hay sed en el fantasma de tu voz, que me persigue cada día hasta mi cama, para no dejarme descansar, para impedirme ser feliz, para que yo jamás vuelva a amar a otro, como si yo quisiera, como si vivir cautiva entre el vapor de las máquinas no fuera suficiente condena. Ya sabes tú, que mi atractivo fue decayendo con los años, el poco que había lo escondí lo más que pude, para guardarme de los hombres brutales, viviendo muy aparte del vil engaño de sus labios traidores.
Me mantengo muy fuerte en esta prisión de calor y combustión alterna, a veces me pierdo en la habitación de pintura y amaneciéndome en ese infierno de agua, veo cómo entre las paredes se escurren las sustancias. El agua contaminada se convierte entonces en el veneno perfecto que me permitirá algún día escapar rápidamente de esta vida.
Aunque quieras parecer el ángel de mi guarda, se bien que eres egoísta y no quieres que yo pueda ser feliz con otro, y yo te lo concedo, no soy ni seré nunca dichosa. Claro que nadie va a entender mejor que yo, tu pasivo-agresión, claro que nadie. Dejé un vaso con agua sobre el refrigerador, puedes beberlo.
Me mantengo muy fuerte en esta prisión de calor y combustión alterna, a veces me pierdo en la habitación de pintura y amaneciéndome en ese infierno de agua, veo cómo entre las paredes se escurren las sustancias. El agua contaminada se convierte entonces en el veneno perfecto que me permitirá algún día escapar rápidamente de esta vida.
Aunque quieras parecer el ángel de mi guarda, se bien que eres egoísta y no quieres que yo pueda ser feliz con otro, y yo te lo concedo, no soy ni seré nunca dichosa. Claro que nadie va a entender mejor que yo, tu pasivo-agresión, claro que nadie. Dejé un vaso con agua sobre el refrigerador, puedes beberlo.
Última edición: