jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Soy poeta y mi herida es la Noche,
y la garrafa de vino negro de la que tomo ahora
bien podría ser
mi alma
no amé de la inmundicia que bañó mis costas
sino la perenne certeza del naufragio que al final
ahogará mi luz,
aunque el color de algunas tardes, por momentos,
convirtió en diamantes
los dos pedruzcos negros con que las miraba
es la hora ya de mi crepúsculo,
y el sol que yace detrás del horizonte
donde lentamente me sepulto
es la Nada;
la poca sombra que di sobre la Tierra
siempre fue la sombra de la Nada
mi poesía,
mis hijos,
las noches que lloré de amor,
fueron lluvia en el desierto
y se perderán conmigo
como habrá de perderse todo,
sin remedio,
cuando la Nada donde estamos contenidos
regrese del orgasmo que el Tiempo le produjo,
y se limpie por fin el universo
que aquél
eyaculó en su coño
.
y la garrafa de vino negro de la que tomo ahora
bien podría ser
mi alma
no amé de la inmundicia que bañó mis costas
sino la perenne certeza del naufragio que al final
ahogará mi luz,
aunque el color de algunas tardes, por momentos,
convirtió en diamantes
los dos pedruzcos negros con que las miraba
es la hora ya de mi crepúsculo,
y el sol que yace detrás del horizonte
donde lentamente me sepulto
es la Nada;
la poca sombra que di sobre la Tierra
siempre fue la sombra de la Nada
mi poesía,
mis hijos,
las noches que lloré de amor,
fueron lluvia en el desierto
y se perderán conmigo
como habrá de perderse todo,
sin remedio,
cuando la Nada donde estamos contenidos
regrese del orgasmo que el Tiempo le produjo,
y se limpie por fin el universo
que aquél
eyaculó en su coño
.
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