Alan Rosas
Poeta recién llegado
No supe cómo escribir
que afuera está lloviendo.
Bueno, realmente miento,
ni siquiera nublado esta.
Diría que, a la luna veo
y te recuerdo,
pero no es así.
Ni siquiera estoy afuera.
Solo, solo estoy frente a nada,
una vez más,
hablando frente a una hoja en blanco,
que al final, de ti queda adornada.
No intento ser un gran poeta,
miento, si quisiera.
Pero tampoco me tragare mi puño,
que si lo hago, me condeno a una muerte lenta.
Pero he sido muy soberbio,
porque solo hago retumbar seis letras
en los oídos ajenos,
pero no siempre en los tuyos.
Cuanto quisiera que siempre fueran en los tuyos,
y después de ello, decirte en cinco letras
todos mis poemas.
Pero soy un mozalbete,
que se sienta bien empedernido
de su guitarra con seis letras
en cada una de sus seis cuerdas,
sobre su cama,
frente a una ventana.
Siempre tratando de ser algo mejor.
Soy uno,
que cuando ya de adulto
podre escribir
que afuera está lloviendo,
sin necesidad de mentir.
Soy uno,
que se pierde
en un universo confinado
en un cuerpo de seis letras.
Soy uno,
buscando algo en el cielo,
algo entre la espuma y las arenas,
algo en el callejón
melancólico
que está a la esquina de la cera.
Algo que sea para fe,
algo que sea para acompañar
mi café,
para inspiración.
Y hoy me dieron las diez,
como ayer.
Tratando de hacer algo mejor.
Parado frente a ti
bien empedernido,
viendo al universo entero
de un reojo,
menos de los ochenta días
que hicieron para ver al mundo entero.
No debería de decirte muchas cosas,
porque el momento me lo impide.
Pero y sin embargo,
miento si digo que no dejo
de pensar en ti.
No hago otra cosa
que pensar en ti,
cuando pienso
en las maravillas en seis letras ...
que afuera está lloviendo.
Bueno, realmente miento,
ni siquiera nublado esta.
Diría que, a la luna veo
y te recuerdo,
pero no es así.
Ni siquiera estoy afuera.
Solo, solo estoy frente a nada,
una vez más,
hablando frente a una hoja en blanco,
que al final, de ti queda adornada.
No intento ser un gran poeta,
miento, si quisiera.
Pero tampoco me tragare mi puño,
que si lo hago, me condeno a una muerte lenta.
Pero he sido muy soberbio,
porque solo hago retumbar seis letras
en los oídos ajenos,
pero no siempre en los tuyos.
Cuanto quisiera que siempre fueran en los tuyos,
y después de ello, decirte en cinco letras
todos mis poemas.
Pero soy un mozalbete,
que se sienta bien empedernido
de su guitarra con seis letras
en cada una de sus seis cuerdas,
sobre su cama,
frente a una ventana.
Siempre tratando de ser algo mejor.
Soy uno,
que cuando ya de adulto
podre escribir
que afuera está lloviendo,
sin necesidad de mentir.
Soy uno,
que se pierde
en un universo confinado
en un cuerpo de seis letras.
Soy uno,
buscando algo en el cielo,
algo entre la espuma y las arenas,
algo en el callejón
melancólico
que está a la esquina de la cera.
Algo que sea para fe,
algo que sea para acompañar
mi café,
para inspiración.
Y hoy me dieron las diez,
como ayer.
Tratando de hacer algo mejor.
Parado frente a ti
bien empedernido,
viendo al universo entero
de un reojo,
menos de los ochenta días
que hicieron para ver al mundo entero.
No debería de decirte muchas cosas,
porque el momento me lo impide.
Pero y sin embargo,
miento si digo que no dejo
de pensar en ti.
No hago otra cosa
que pensar en ti,
cuando pienso
en las maravillas en seis letras ...
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