José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Manos entrelazadas en el crepúsculo,
nuestra unión tejida con firmeza y amor.
Labios unidos, nubes como testigos mudos,
surge el amor en la pasión, fugaz clamor.
En el atardecer de sueños compartidos,
se funden dos almas en un solo latir.
Ardiente pasión en momentos vividos,
caminos que se cruzan y se unen por fin.
Eres suave como una pluma,
dulce como piel de uva, amada mía.
Un temblor que arrasando mi esqueleto,
me despierta entre mares y auroras,
en un mundo de fantasías muy nuestro.
Eres un lienzo inmortalizado
ese momento de atracción mágica
cuando aquella pasión de imán
me adentró en tu corazón.
Eres caricia del cielo,
mi amor está enjaulado en tu pecho.
Somos dos llamas que no se apagan,
como mar tranquilo durmiendo en su cuna
a un sol cariacontecido.
Tu presencia en mi mente se imbuye,
nuestra pasión desbordante de delirio
cada palabra que escribo se enlaza,
con la melodía de tu voz que escucho.
Entre susurros y caricias,
nos entregamos con deseo,
en ese atardecer mágico,
donde el amor es nuestro único anhelo.
Que el sol nunca se apague,
que nuestros labios nunca se separen,
que siempre haya amor en nuestro acaecer,
en este amor que juntos fraguamos.
Alumbra mis pasos con tu luz de faro,
resplandece mi amanecer
como el sol resplandece
al mar en la alborada.
En los atardeceres donde tú y yo
sellamos nuestro amor con devoción.