Princesa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Señor del corazón
Con rosas tú compraste aquel destino,
perfumes que embriagaron mi razón.
Te tornaste en señor del corazón,
llevándome al jardín de lo divino.
Mi senda tapizaste en oro fino,
no tengo miedo alguno a la traición,
pues eres mi refugio y armazón,
mi fiel acompañante en el camino.
Eterno amante mío, no eres sueño,
la primavera llega con sus flores,
te las regalaré, mi dulce dueño.
Matizaré tu rostro en mil colores
que alegrarán brillantes el pequeño
edén de terciopelos y de amores.
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