MARLY
Poeta asiduo al portal
SEÑOR
Tú le diste esa voz que me acaricia,
que con dulce vibrar se abre camino
y convirtiendo a mi alma en su destino
se hace dueño de mí...
Señor; le ansío.
Tú le has dado también esa mirada
que me envuelve y me atrae hacia la puerta
donde inicia el acceso hacia su sino,
donde habita la luz...
Donde es tan mío.
Le pusiste, Señor; dentro del pecho
ese gran corazón donde hay nobleza
donde en ese recodo de tristeza
abrigando a otro ser, va en su defensa.
Donde busca la fuerza y tu camino.
Es por eso, Señor...
que yo lo admiro.
Y le has dado, Señor; esa ternura
que es capaz de elevarme al mismo cielo
y un instante después, en la locura,
transformar ese amor en casi fuego.
Tú bien sabes, Señor...
Cuánto lo quiero!.
Como sabes también: lo clamo mío;
sin querer poseer nada en su vida.
Solamente, Señor; porque lo habito
como vive él en mí...
Lo habías escrito!
Marta Lidia Uribe B:
Marly
Tú le diste esa voz que me acaricia,
que con dulce vibrar se abre camino
y convirtiendo a mi alma en su destino
se hace dueño de mí...
Señor; le ansío.
Tú le has dado también esa mirada
que me envuelve y me atrae hacia la puerta
donde inicia el acceso hacia su sino,
donde habita la luz...
Donde es tan mío.
Le pusiste, Señor; dentro del pecho
ese gran corazón donde hay nobleza
donde en ese recodo de tristeza
abrigando a otro ser, va en su defensa.
Donde busca la fuerza y tu camino.
Es por eso, Señor...
que yo lo admiro.
Y le has dado, Señor; esa ternura
que es capaz de elevarme al mismo cielo
y un instante después, en la locura,
transformar ese amor en casi fuego.
Tú bien sabes, Señor...
Cuánto lo quiero!.
Como sabes también: lo clamo mío;
sin querer poseer nada en su vida.
Solamente, Señor; porque lo habito
como vive él en mí...
Lo habías escrito!
Marta Lidia Uribe B:
Marly
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