Señor

Hoy presiento el rondar de tu presencia
y la pluma del odio me pincela,
inocencia es pensar que en duermevela,
me proteje un guardián de tu insistencia.

Cuando apago en el sueño la conciencia
y tu aliento maldito me cincela
¡Demencial! Es sentir que me consuela
ese abrazo maligno, que es sentencia.


Entonces, con tu estirpe, me confundo,
navegando en tus hombros, el ocaso.
Sitibundo de Dios cuando me hundo
reniego de mi acción e invierto el paso.

Marea entre dos soles y su lumbre
a veces soy metal. Las más: herrumbre.​
 
Última edición:
Me gusta lo que propone estos versos. Esa necesidad de creer en la divinidad que contradice nuestra lógica y nos limita muchas veces a ser, la esencia que proyectamos .
Me gusta su estilo.
Abrazos
 
Hoy presiento el rondar de tu presencia
y la pluma del odio me pincela,
inocencia es pensar que en duermevela,
me proteje un guardián de tu insistencia.

Cuando apago en el sueño la conciencia
y tu aliento maldito me cincela
¡Demencial! Es sentir que me consuela
ese abrazo maligno, que es sentencia.


Entonces, con tu estirpe, me confundo,
navegando en tus hombros, el ocaso.
Sitibundo de Dios cuando me hundo
reniego de mi acción e invierto el paso.

Marea entre dos soles y su lumbre
a veces soy metal. Las más: herrumbre.​
Tremendo soneto, Sergio, de hace un año. Un abrazo donde estés. Luciana.
 

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