Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
SEÑORA
Me dices que no es posible
que yo respire en tu alcoba,
que por decencia no debes
dejarme aspirar su aroma:
que a pesar que mis poemas
fascinarte mucho intenten
su encantamiento de sierpe,
en tu conciencia, se ahoga.
Me dices que eres ajena,
playa vedada a mi olas,
que no puedes dejar de ser
irreprochable Señora;
mas a veces, por instantes,
titubeos en tu piel
tu natura de mujer,
a tu recato, traiciona.
Pasión prohibida tú llamas
lo que a mis ojos asoma
y ladrón, incuestionable,
quien pensamientos te roba;
pues te dices patrimonio
de un corazón respetable
aunque los labios entreabres
si estás leyéndome, a solas.
¿Por qué ha querido el destino
jugarnos tan mala broma
y conocernos ha hecho,
tan a destiempo, Señora?;
tal vez para confirmar
que no hay corazón ileso
cuando el amor, al acecho,
anda por la tierra toda.
Cuando dispara una flecha,
cuenta, según vieja historia,
sus ojos cubre cupido
para no ver a quien toca
y no sentir culpa alguna,
si el caprichoso destino,
como quizá, hizo conmigo,
con intención, se equivoca.
Y riendo dirige el dardo
hacia la esencia más honda
donde reside el crisol
de las espinas sin rosas;
y si así quiso la vida
a luchar voy por tu amor;
si el alma se me parte en dos,
eso, en verdad no me importa.
Por eso atada a mis letras
estás, por siempre, Señora;
tan unida a mis insomnios
como reina a su corona,
que decirte que te anhelo
la luna siente tan obvio
pues ella sabe que un solio,
para ti, tengo en mi alcoba.
Y ya para concluir
sólo resta, por ahora,
disculparme por amarte...
aunque Dios siempre perdona
los pecados que el amor
cometer a muchos hace,
quizás porque le complace,
que se peque así...¡Señora!
Última edición: