mikelo
Poeta adicto al portal
Sensaciones.
Absorto.
En mis traspapelados recuerdos, ojeo páginas ya leídas, casi olvidadas, de un libro de tardes regaladas y días de pasión sin prisas, donde las miles de letras encerradas en viejas páginas inertes cobran vida y dan color a una existencia corriente.
Una existencia que desde la prisión del silencio y la desidia, intenta atender al eco de mis propios latidos exaltados y expectantes.
Pero algo me distrae.
Llega a mi oído una voz, de manera casi imperceptible me murmura suavemente.
Es el viento entrando por una ventana, que me trae a la memoria algo que nunca había olvidado, aquello que simplemente había quedado adormecido en algún rincón y que al llegar a mi piel erizada, me habla.
Un escalofrío recorre mi espalda y cruza los brazos alrededor de mi propio cuerpo abrazándose; intento descifrar lo que desprende cada movimiento del visillo que, flotando en la habitación me trae palabras que no llego a entender.
Por fin comprendo.
El viento, letra a letra, susurra mi nombre y en el aire queda dibujado tu rostro, a pesar de la distancia, mirándome desde la pared, hasta hace un instante vacía, con un brillo especial en los ojos y moviendo tus labios en ese baile de sensaciones inventadas que, desde su propio espejismo pronuncian mi nombre.
Con cariño y mi agradecicimiento para ese el alma llena de magía que alimenta Una Lagrima.
Absorto.
En mis traspapelados recuerdos, ojeo páginas ya leídas, casi olvidadas, de un libro de tardes regaladas y días de pasión sin prisas, donde las miles de letras encerradas en viejas páginas inertes cobran vida y dan color a una existencia corriente.
Una existencia que desde la prisión del silencio y la desidia, intenta atender al eco de mis propios latidos exaltados y expectantes.
Pero algo me distrae.
Llega a mi oído una voz, de manera casi imperceptible me murmura suavemente.
Es el viento entrando por una ventana, que me trae a la memoria algo que nunca había olvidado, aquello que simplemente había quedado adormecido en algún rincón y que al llegar a mi piel erizada, me habla.
Un escalofrío recorre mi espalda y cruza los brazos alrededor de mi propio cuerpo abrazándose; intento descifrar lo que desprende cada movimiento del visillo que, flotando en la habitación me trae palabras que no llego a entender.
Por fin comprendo.
El viento, letra a letra, susurra mi nombre y en el aire queda dibujado tu rostro, a pesar de la distancia, mirándome desde la pared, hasta hace un instante vacía, con un brillo especial en los ojos y moviendo tus labios en ese baile de sensaciones inventadas que, desde su propio espejismo pronuncian mi nombre.
Con cariño y mi agradecicimiento para ese el alma llena de magía que alimenta Una Lagrima.
Última edición:
::::
::