Antonio Navarro Arias
Poeta recién llegado
Soy el peor poeta del mundo
porque Dios me expulsa de su reino solitario
y no cree en la teoría del bing bang.
Soy el agua que parte la roca
porque todos los pecados se han quebrado en este verso
y ha nacido la lujuria en mi semblante.
Soy la tormenta que arrasó con el imperio
y con el mármol que se ríe de los hombres
y de la piedra que tallaron los avaros.
Soy el presidente de todas las estrellas
que forman un ramo de mentiras
en tu universo de caricias.
Soy el rey de los animales invertebrados que
se arrastra a besar tus porquerías clandestinas.
Soy el sol que habla de amor en
otro idioma, cuando cruza mi ventana
proletaria y distraída.
Soy el héroe de todos los soldados que perdieron las batallas
en la madrugada del insomnio delirante.
Soy la palabra eterna que avergüenza y degenera,
porque traigo la muerte bajo el brazo
y mi madre me bendice con sus manos pecadoras,
me abraza en esta noche de claveles marchitados
y me convence de que Dios no es candidato del gobierno.
Soy el peor poeta del mundo
porque el cielo está durmiendo sobre mi hoja en blanco
mientras Dios grita en mis oídos con voz de profeta resignado:
¡Éste es tu último poema!
porque Dios me expulsa de su reino solitario
y no cree en la teoría del bing bang.
Soy el agua que parte la roca
porque todos los pecados se han quebrado en este verso
y ha nacido la lujuria en mi semblante.
Soy la tormenta que arrasó con el imperio
y con el mármol que se ríe de los hombres
y de la piedra que tallaron los avaros.
Soy el presidente de todas las estrellas
que forman un ramo de mentiras
en tu universo de caricias.
Soy el rey de los animales invertebrados que
se arrastra a besar tus porquerías clandestinas.
Soy el sol que habla de amor en
otro idioma, cuando cruza mi ventana
proletaria y distraída.
Soy el héroe de todos los soldados que perdieron las batallas
en la madrugada del insomnio delirante.
Soy la palabra eterna que avergüenza y degenera,
porque traigo la muerte bajo el brazo
y mi madre me bendice con sus manos pecadoras,
me abraza en esta noche de claveles marchitados
y me convence de que Dios no es candidato del gobierno.
Soy el peor poeta del mundo
porque el cielo está durmiendo sobre mi hoja en blanco
mientras Dios grita en mis oídos con voz de profeta resignado:
¡Éste es tu último poema!