Alberto Amaris
Poeta que considera el portal su segunda casa

Tumbada desnuda sobre sabanas blancas,
¡Oh diosa y manjar de mi apetito insaciable!
el tinte de tu piel me despierta hasta el hambre,
y mi boca nerviosa enmudece en palabras.
Sucumbo ante ti, que mis manos trepidantes
resbalan sutil en tus cabellos de plata,
!Oh Hermosa mujer!, con carencia de nada,
celosos los astros se ocultan esta tarde.
Mujer de bellos ojos negros centelleantes,
enamorado estoy de tu presencia y tu alma,
de tu labio y beso, de tu boca y tu cara,
!Oh musa de versos, numen de mis batallas!
Voy tras de ti, loando tu ser en mis versos
mujer de mi bien, por quien este hombre ha ganado
el placer de tener, el amor en sus brazos,
!Oh divina mujer! de tu piel estoy preso.
Tumbados desnudos, ya se acerca el crepúsculo,
nuestros cuerpos sedientos repiten de nuevo,
una inmensa alegría el saber que te tengo
que entre el uno y el otro, el sentimiento es mutuo.