Introspectivo.
Poeta adicto al portal
"Septiembre"
Las razones por las que uno puede volverse loco, son muchas. Están las malas... como la codicia, el anteponer el placer personal sin importancia del mundo que te rodea. La sociedad de hoy te vuelve loco, un poco más cada día y va vaciando tu cordura como con un cuentagotas, de a poco, hasta que cuando te das cuenta, estás del copete.
Están también las no tan malas, tirando a benignas... Como por ejemplo, el uso excesivo de la imaginación.
I
Tedioso; por este clima y girando entre las sabanas de su cama, que se pegaban a su cuerpo, como se pega a las manos la masa cuando está aguada; permanecía en vigilia, Ernesto.
Ernesto era un chico común, aunque él se consideraba un bicho raro en más de una ocasión. Tímido si no hallaba confianza, pero muy transparente con quienes conocía. Despistado, pero entusiasta.
Aunque a él no le desagradaba su nombre, la gente siempre se empeñó en llamarlo de otra manera. Paradojicamente su familia, quienes le habían otorgado su nombre, lo llamaban "Tato". "Tato, vení a comer". "Tato, dejá de mirar televisión". "Tato, ordená tu pieza". "Tato, bañate. ¡Hace más de dos días que no tocas el agua". Y así siempre... Los encargados de designarle este sobrenombre, fueron los primeros intentos de hablar de su hermana menor. Y aunque hubo veces en que a constante reiteración de este apodo le resultó tediosa, hoy lejos de casa extrañaba el sonido de esas cuatro letras juntas.
Sus amigos, sean del barrio, la escuela, o ahora, la universidad, siempre optaron por dirigirse a él por "Septiembre" su apellido. Parecía que todos se hubiesen puesto de acuerdo para decirle así y hacer de cuenta que nunca tuvo un primer nombre. A pesar de ésto Ernesto, siempre tuvo presente en un pedestal su nombre de pila.
Mientras tanto, su incomodidad y falta de sueño lo invitaron a salir de su habitación. En puntitas de pié (para generar el mínimo contacto posible con el asqueroso y húmedo mosaico de su departamento) Ernesto enfiló a la cocina por un vaso con agua. Pero al llegar ahí se detuvo mirando fijo la puerta que se dirige al pasillo, fuera de la soledad de su hogar, y tuvo una extraña sensación.
Continuará...
Última edición: