La locura es el máximo exponente
de una mente que no tiene transición,
el azar de una mente inconsciente
que pregona sin cesar su propia luz.
Un arquetipo gastado,
una quimera tabú,
miles de preguntas a un lado
respondidas por cualquiera menos tú.
Una danza macabra que suena en tu pecho,
en tu lecho,
divagando,
y mientras tanto los frutos
siempre echados por tierra,
siguen siendo abono
para tu reina la virtud.
La clave está en tus ojos,
en la línea que separa horizontes y verticalidades,
en algunas cualidades
que se han echado a perder.
En múltiple dicergencia
que por si sola no encuentra
un atisbo de la manera.
De la forma de tu ser.
Darío Méndez
de una mente que no tiene transición,
el azar de una mente inconsciente
que pregona sin cesar su propia luz.
Un arquetipo gastado,
una quimera tabú,
miles de preguntas a un lado
respondidas por cualquiera menos tú.
Una danza macabra que suena en tu pecho,
en tu lecho,
divagando,
y mientras tanto los frutos
siempre echados por tierra,
siguen siendo abono
para tu reina la virtud.
La clave está en tus ojos,
en la línea que separa horizontes y verticalidades,
en algunas cualidades
que se han echado a perder.
En múltiple dicergencia
que por si sola no encuentra
un atisbo de la manera.
De la forma de tu ser.
Darío Méndez