Ronald Bonilla
Poeta asiduo al portal

Ya sé que muere tan lejana
“la que ame al viento” como tú, Alejandra,
aunque las paredes de los manicomios
no encierran tu fragmentada voz.
Sí, golpeaste “al viento
con tus propios huesos”,
huesos que brillan en la noche
para terminar el abandono
“que nadie comenzó”.
La niña y su traje, casi azul,
se quedó esperando tu muerte,
detrás de la tristeza que solo la muerte traga
entera,
con sus espejos devorándote
por partida doble; pero aquí estás,
deambulante;
no te dejan en paz tus palabras
sobrevivientes al polvo de tu osario.
De mi libro inédito ALTAR DE DESCONCIERTOS
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