QUINSONNAS
Poeta fiel al portal
Rememoro cuando niño
me contabas, madre, cuentos
leyéndome por las noches
historias que bien recuerdo.
Estando a mi lado siempre
en voz alta fueron cientos
tus relatos infantiles
en mis oídos despiertos.
Pausadamente leías
a la luz de un viejo flexo
en mi mesita apoyado
y con óxido vistiendo.
Fuiste tú quién me enseñaste
a ese mundo hecho de sueños
y ya, desde pequeñito,
me inculcaste sus cimientos.
Entonabas con mesura
las palabras que ibas viendo
recalcando sus matices
generosa en el esfuerzo.
Con voz clara me adentrabas
en galaxias y universos
de tu mano acompañado
hacia rumbos placenteros.
Cicerone de las letras,
¡Cuánto, madre, te agradezco
que cercana siempre a un libro
me lo mostraras abierto!
Sherezade narradora,
¿Cuál era tu sortilegio
que en más de mil y una noches
a mi ser le dio alimento?
Pioneras en mi conciencia
tus enseñanzas mantengo,
arraigadas fidedignas
y sumando dividendos.
Mi amor hacia la lectura
lo fraguaste tú perfecto
deseoso de escucharte
entusiasta y siempre atento.
De afición apasionante
a idilio saltó in crescendo
y luego, ya enamorado,
un fiel lector me hice adepto.
Y todo gracias a ti,
tuyo es, madre, todo el mérito...
...pues me obsequiaste con algo,
¡Lo más valioso que tengo!
Última edición: