Chepeleon Arguello
Poeta veterano en el Portal
Y si Ellos
Vos y Yo
en nuestra mezquindad frugal muy humana
aceptáramos con el simplismo
de la misma iniquidad del ser;
que los perversos insultos no son
solo palabras inicuas de agravios
y que la fuerza de su réprobo eco
rompe los frágiles huesos de un tajo
para presagiar eternas pesadillas
con la que arropamos el futuro
de los hijos a fuerza de imsgenes dolientes
y camas mojadas por el mismo miedo.
Si los temores del inocente,
transmutaran la rutina del miedo común
y en vez del esperpento que habita
debajo de la cama o en el viejo ropero de la abuela,
se erizara la piel mientras se le cuaja la sonrisa,
al ver la inesperada figura paterna al borde de su puerta
para darle las buenas noches.
La virtual histérica en la benévola imagen del padre;
mustios con espinas los silencios,
extenuando los amores, reemplazados para siempre
por los fantasmas del padre hechos alucinaciones.
Tus insultos, sus miedos,
tus miedos sus pesadillas,
sus pesadillas, la rutina inexpugnable de los días.
Y si aceptaras, aceptaran y aceptáramos;
que hay más, aun más,
detrás del potencial de un grito,
un estallido de cólera,
que reducen a insecto el alma del hijo.
Y si los moretones
los fajazos destrozando la piel
por querer destruir
-lo original en el hijo que no nos agrada-,
¿Quién romperá el espejo,
ese, donde se vieron en su totalidad,
nuestros padres y los abuelos,
ahogando los impulsos para no renovar la rutina?
¿Crees Vos,
que las cicatrices emocionales
con paños de agua caliente,
harán mas soportables la carga?
¿Quién pondrá fin a este estertor del diario andar?
Vos y Yo
en nuestra mezquindad frugal muy humana
aceptáramos con el simplismo
de la misma iniquidad del ser;
que los perversos insultos no son
solo palabras inicuas de agravios
y que la fuerza de su réprobo eco
rompe los frágiles huesos de un tajo
para presagiar eternas pesadillas
con la que arropamos el futuro
de los hijos a fuerza de imsgenes dolientes
y camas mojadas por el mismo miedo.
Si los temores del inocente,
transmutaran la rutina del miedo común
y en vez del esperpento que habita
debajo de la cama o en el viejo ropero de la abuela,
se erizara la piel mientras se le cuaja la sonrisa,
al ver la inesperada figura paterna al borde de su puerta
para darle las buenas noches.
La virtual histérica en la benévola imagen del padre;
mustios con espinas los silencios,
extenuando los amores, reemplazados para siempre
por los fantasmas del padre hechos alucinaciones.
Tus insultos, sus miedos,
tus miedos sus pesadillas,
sus pesadillas, la rutina inexpugnable de los días.
Y si aceptaras, aceptaran y aceptáramos;
que hay más, aun más,
detrás del potencial de un grito,
un estallido de cólera,
que reducen a insecto el alma del hijo.
Y si los moretones
los fajazos destrozando la piel
por querer destruir
-lo original en el hijo que no nos agrada-,
¿Quién romperá el espejo,
ese, donde se vieron en su totalidad,
nuestros padres y los abuelos,
ahogando los impulsos para no renovar la rutina?
¿Crees Vos,
que las cicatrices emocionales
con paños de agua caliente,
harán mas soportables la carga?
¿Quién pondrá fin a este estertor del diario andar?
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