Si jesus ha caído

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isaac newton

Poeta que considera el portal su segunda casa
Una vez más rueda la tristeza en surcos de aire, en unos dedos tan firmes como tiesos, sin rencor alguno tomo la vara de la condena, veo los montes en pestañas de azul en el destierro comiendo del horizonte su única vela. Es así como empiezo este dueto amistoso entre la piedra y la espada, la espada toma el pelo ligero, casi de noche emparentando el dolor con la última letra pero, si es de noche no hay tristeza, no hay olor, no hay esa noche en el fuego, prendida del calor como lo hacen los últimos monjes. ¿Qué hay de las noches tristes, los ruidos de los árboles, las caras de los cerdos o las manos de las avestruces?, tu puedes decir, como de esta tierra más la tierra está vacía, hueca entre las manos, redonda y reposando. Un buitre podría tomarme de la mano, alojar sus huevos en mis ojos pesados como rojos dedos entre las cortinas del paraíso, pero, ¿y si todo es verdad?, que la piedra toma mi pelo, que la dura estampa de la solemnidad es cordial como lo hacen los pedazos de cuero enzima de mis huesos. Es la última nota de esa música, esplenda sin registro, con música o con varios nombres, es la última oportunidad, pruebo mis ojos, los veo azules, casi transparentes en el eco de su firmeza; la dulce espada hace que mis hijos se vean iguales, que los arribas sean adentro y que los amaneceres se vean feos en el viejo oro de la modernidad.

Han pasado unos minutos y permito que pase, esa dura piel solo muestra que he caído, que la piedra sea espada no un triste jadeo en la marea de la noche.
 
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Una vez más rueda la tristeza en surcos de aire, en unos dedos tan firmes como tiesos, sin rencor alguno tomo la vara de la condena, veo los montes en pestañas de azul en el destierro comiendo del horizonte su única vela. Es así como empiezo este dueto amistoso entre la piedra y la espada, la espada toma el pelo ligero, casi de noche emparentando el dolor con la última letra pero, si es de noche no hay tristeza, no hay olor, no hay esa noche en el fuego, prendida del calor como lo hacen los últimos monjes. ¿Qué hay de las noches tristes, los ruidos de los árboles, las caras de los cerdos o las manos de las avestruces?, tu puedes decir, como de esta tierra más la tierra está vacía, hueca entre las manos, redonda y reposando. Un buitre podría tomarme de la mano, alojar sus huevos en mis ojos pesados como rojos dedos entre las cortinas del paraíso, pero, ¿y si todo es verdad?, que la piedra toma mi pelo, que la dura estampa de la solemnidad es cordial como lo hacen los pedazos de cuero enzima de mis huesos. Es la última nota de esa música, esplenda sin registro, con música o con varios nombres, es la última oportunidad, pruebo mis ojos, los veo azules, casi transparentes en el eco de su firmeza; la dulce espada hace que mis hijos se vean iguales, que los arribas sean adentro y que los amaneceres se vean feos en el viejo oro de la modernidad.

Han pasado unos minutos y permito que pase, esa dura piel solo muestra que he caído, que la piedra sea espada no un triste jadeo en la marea de la noche.
Instinto para secuenciar ese camino que como inmensidad
deja espacios para el confin de unas vias que desde el interior
se pierden en una adoracion presente. felicidades por la
belleza rupturista de tu obra. saludos de luzyabsenta
 
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