horacio caraballo
Poeta recién llegado
Si me pides la luna, oh dulce amada mía.
A Dios con mis ruegos podré despertar.
Y oirás a los ángeles cantar con sus liras,
para que el inmenso cielo te pertenezca al soñar.
Si me pides que venza las tormentas cada día,
y te traiga el tranquilo arrullo del mar.
Venceré lo que quieras, amada mía,
y en las olas que danzan podrás descansar.
Si me pides el iris lo tendrás vida mía,
aunque mi cabeza tenga que rodar.
Y verás que mis sueños, ebrios de poesía,
harán cualquier cosa por verte suspirar.
Si me pides la agreste, selva bravía,
ya nada en el mundo me hará frenar.
Ni los fuertes vientos, ni la noche sombría;
si eso, dulce niña, te hace sonrojar.
Puedes pedirme todo, cada hora, cada día.
Si solo tú me dejas, poderte contemplar.
Pídeme lo que quieras, amada mía,
que mi amor podrá todo, por no verte llorar.
A Dios con mis ruegos podré despertar.
Y oirás a los ángeles cantar con sus liras,
para que el inmenso cielo te pertenezca al soñar.
Si me pides que venza las tormentas cada día,
y te traiga el tranquilo arrullo del mar.
Venceré lo que quieras, amada mía,
y en las olas que danzan podrás descansar.
Si me pides el iris lo tendrás vida mía,
aunque mi cabeza tenga que rodar.
Y verás que mis sueños, ebrios de poesía,
harán cualquier cosa por verte suspirar.
Si me pides la agreste, selva bravía,
ya nada en el mundo me hará frenar.
Ni los fuertes vientos, ni la noche sombría;
si eso, dulce niña, te hace sonrojar.
Puedes pedirme todo, cada hora, cada día.
Si solo tú me dejas, poderte contemplar.
Pídeme lo que quieras, amada mía,
que mi amor podrá todo, por no verte llorar.
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