eugenio marcos oteruelo
Poeta recién llegado
No sé si algún día volveré a ella,
a la tierra primera,
donde se abrieron los portones de luz
y surgió el encuentro con el primer beso.
Si vuelvo,
volveré a ser niño
y escribiré labios sangrando al grito del hambre,
a solas con el viento,
junto a la memoria de la hierba en horas de pobreza.
No queda ya vino en las hojas de otoño
ni tiempo para hacer versos de miel a las niñas
asomadas al balcón.
Los recuerdos trepan por la espalda de la vida
como un candelabro expandiendo luces multicolor
y es preciso
detener el golpeo de las vértebras contra las paredes del insomnio
y es preciso
extraer inconexas pesadillas
de su refugio en las celdas del miedo.
Si me quedo dormido
volveré a ser niño
y amasaré los sueños en artesas de algún horno abandonado;
quizás sea esta la hora elegida,
para ensanchar de luz calles que sudaban estómagos vacíos;
quizás sea esta la hora elegida
para proyectar un paisaje de nieve
sobre la frente de la mujer morena de centeno.
¡Cómo suenan aquellas madres!
los pechos de carne a la altura del llanto
y el pulso de la vida en el océano de sus ojos;
eran ellas, que parían estrofas de vida
en la nómada figura de la noche
muy cerca de las estrellas;
madres del barro,
del carrete de hilo,
de abriles sin luna;
de blanco en las fiestas,
de luto en los duelos.
No sé si algún día volveré a la tierra primera
pero, si vuelvo, y me quedo dormido
despertadme con una madre de aquellas. (Eugenio