Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Traes contigo
una nube en la noche y el eco de una lágrima,
el templado humo del carmín sobre los labios,
unos besos con aroma a madera y a sal
y unos lápices de colores para dibujar sonrisas.
Ya no buscas
el reflejo del mar en los tejados,
ni la fugaz sombra de las tórtolas
entre las agujas de los pinos,
ni a la niña que se extravió al paso del cometa,
pues su nombre se ha perdido y el mar no la devuelve.
Ya no te asomas
a los balcones con vistas a noviembre,
ni dejas tu huella en los jardines donde el amor ha reposado,
porque sabes que el otoño tiene el corazón oscuro de los estanques
y late con el fragor de abatidas áncoras.
Hay barcos
hundiéndose al norte de tu espalda,
donde el aire sopla con el fugaz zumbido de luciérnagas
y la tempestad se agita hasta quebrarse en el ocaso.
Si supieras
de estas horas traspasadas de tardes con ventanas
y desgastadas heridas de hojarasca.
Si supieras
que cuento los días como sílabas,
tal vez, entonces, sabrías que de este cielo
atormentado gotea un poema.
una nube en la noche y el eco de una lágrima,
el templado humo del carmín sobre los labios,
unos besos con aroma a madera y a sal
y unos lápices de colores para dibujar sonrisas.
Ya no buscas
el reflejo del mar en los tejados,
ni la fugaz sombra de las tórtolas
entre las agujas de los pinos,
ni a la niña que se extravió al paso del cometa,
pues su nombre se ha perdido y el mar no la devuelve.
Ya no te asomas
a los balcones con vistas a noviembre,
ni dejas tu huella en los jardines donde el amor ha reposado,
porque sabes que el otoño tiene el corazón oscuro de los estanques
y late con el fragor de abatidas áncoras.
Hay barcos
hundiéndose al norte de tu espalda,
donde el aire sopla con el fugaz zumbido de luciérnagas
y la tempestad se agita hasta quebrarse en el ocaso.
Si supieras
de estas horas traspasadas de tardes con ventanas
y desgastadas heridas de hojarasca.
Si supieras
que cuento los días como sílabas,
tal vez, entonces, sabrías que de este cielo
atormentado gotea un poema.