DIEGO
Poeta adicto al portal
Si te vieran tus abuelos hija mía, sus ojos brillarían de alegría
sus manos mezcladas con las tuyas, harían del calor una morada.
Si advirtieran los gestos de tu rostro, bendecirían con límpidas caricias
los mensajes que irradian tus ojitos cuando el amanecer aclara en día.
Hay rasgos que resultan familiares porque eres su sangre en nuestra sangre.
Y orgullos insertos de los tiempos pasados, volvieron otra vez a perpetuarse.
en la nueva creación de tu existencia, en el néctar más dulce de las rosas,
en la suave pasión de las caricias y en la tersura de tus manos contagiosas.
Si te vieran mis padres hija hermosa, a la muerte dejarían postergada
para hacerte crecer bajo sus alas, para cuidar el mundo de tus cosas.
El verbo del amor hecho de carne, miel, colores nuevos que palpita
en la eternidad manifestada de sus vidas y otra vez en la tuya repetida.
Si te vieran tus abuelos hija mía, los trinos de las aves llegarían como
mecidos por un viento eterno, acariciando los campos y las viñas,
para posarse después en las mejillas, regordetas de amor y fantasía.
La vida adquiriría otro sentido, si te vieran mis padres hija mía.
sus manos mezcladas con las tuyas, harían del calor una morada.
Si advirtieran los gestos de tu rostro, bendecirían con límpidas caricias
los mensajes que irradian tus ojitos cuando el amanecer aclara en día.
Hay rasgos que resultan familiares porque eres su sangre en nuestra sangre.
Y orgullos insertos de los tiempos pasados, volvieron otra vez a perpetuarse.
en la nueva creación de tu existencia, en el néctar más dulce de las rosas,
en la suave pasión de las caricias y en la tersura de tus manos contagiosas.
Si te vieran mis padres hija hermosa, a la muerte dejarían postergada
para hacerte crecer bajo sus alas, para cuidar el mundo de tus cosas.
El verbo del amor hecho de carne, miel, colores nuevos que palpita
en la eternidad manifestada de sus vidas y otra vez en la tuya repetida.
Si te vieran tus abuelos hija mía, los trinos de las aves llegarían como
mecidos por un viento eterno, acariciando los campos y las viñas,
para posarse después en las mejillas, regordetas de amor y fantasía.
La vida adquiriría otro sentido, si te vieran mis padres hija mía.
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