LuKaS
L'enfant terrible

Sidérea
Fue un tiempo sombrío;
dejó el rostro palidecido.
Fuimos a ver las estrellas
desde aquél vacío mismo.
Habitaciones infinitas,
cada una albergaba
alguna vida distinta.
El tiempo no marchaba.
Se respiraban rosas.
Aquellos azules vacíos,
profundos y ornamentados
por broches y candelabros
propios del manto divino.
Unas monedas de plata
donde nosotros vivimos,
van reluciendo las galas:
Nuestros propios vestidos.
Y con la vista cansada,
porque dormir no quisimos,
vamos cerrando los ojos,
hacia el lugar que nacimos.
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