Fingal
Poeta adicto al portal
Yo te hablaba de mis mundos,
de mis dudas, de mis miedos,
de las puertas perdidas de Arcadia,
con el otoño en la voz
y la banalidad abrazada.
Yo te hablaba de mis mundos...
A veces tú también estabas,
tan lejana y tan cercana,
tan antigua y tan recién llegada.
Yo te hablaba de mis mundos,
de las ruinas arraigadas,
del hierro frío y gris
que destilan los fantasmas,
de los sueños ajusticiados
y con ellos mi concordia.
Yo te hablaba de mis mundos...
A veces los árboles te nombraban,
a veces los acariciabas.
A veces hubo estrellas,
a veces tu mirada.
A veces en tus labios
se liberó toda la inquietud de la noche,
toda su ternura,
toda su magia,
a veces en tus manos,
tu voz...
a veces también cantabas.
Yo te hablaba de mis mundos...
A veces me escuchabas,
a veces te brillaban los ojos,
a veces, inmóvil,
ni siquiera respirabas.
Yo te hablaba de mis mundos,
de los lugares recónditos
de pluma y reflejo,
de luz y espejismo
que ya no recordaba,
con la armonía encendida
y la mirada asombrada.
Yo te hablaba de mis mundos...
A veces me acompañabas,
a veces temblabas,
a veces te acurrucabas en mis palabras.
Yo te hablaba de mis mundos,
del poder del juramento,
del nacimiento de las quimeras,
de la nobleza en las lágrimas,
de la verdad en las leyendas.
Yo te hablaba de mis mundos...
A veces eran tuyos,
a veces tú también soñabas,
nuestros mundos...
a veces te importaba.
Álvaro del Prado,
Galapagar/Las Rozas, 10 de julio de 2016
© Todos los derechos reservados.
de mis dudas, de mis miedos,
de las puertas perdidas de Arcadia,
con el otoño en la voz
y la banalidad abrazada.
Yo te hablaba de mis mundos...
A veces tú también estabas,
tan lejana y tan cercana,
tan antigua y tan recién llegada.
Yo te hablaba de mis mundos,
de las ruinas arraigadas,
del hierro frío y gris
que destilan los fantasmas,
de los sueños ajusticiados
y con ellos mi concordia.
Yo te hablaba de mis mundos...
A veces los árboles te nombraban,
a veces los acariciabas.
A veces hubo estrellas,
a veces tu mirada.
A veces en tus labios
se liberó toda la inquietud de la noche,
toda su ternura,
toda su magia,
a veces en tus manos,
tu voz...
a veces también cantabas.
Yo te hablaba de mis mundos...
A veces me escuchabas,
a veces te brillaban los ojos,
a veces, inmóvil,
ni siquiera respirabas.
Yo te hablaba de mis mundos,
de los lugares recónditos
de pluma y reflejo,
de luz y espejismo
que ya no recordaba,
con la armonía encendida
y la mirada asombrada.
Yo te hablaba de mis mundos...
A veces me acompañabas,
a veces temblabas,
a veces te acurrucabas en mis palabras.
Yo te hablaba de mis mundos,
del poder del juramento,
del nacimiento de las quimeras,
de la nobleza en las lágrimas,
de la verdad en las leyendas.
Yo te hablaba de mis mundos...
A veces eran tuyos,
a veces tú también soñabas,
nuestros mundos...
a veces te importaba.
Álvaro del Prado,
Galapagar/Las Rozas, 10 de julio de 2016
© Todos los derechos reservados.
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