Siempre a las ocho
después del ocaso
sentado en dura piedra
escucho deslumbrado
de voz de un ángel
que dedicaba su canto
al amor lejano
cuyo rostro y nombre
nunca ha visto y nombrado.
Siempre a las ocho
después del ocaso
mi corazón reprimido
se siente enamorado
mientras en voz de ángel
canta añorando
pueril destello de amor
ceñido en su regazo
Siempre a las ocho
después del ocaso
sin importar la lluvia
el frío o quebranto
llego a mi piedra
ansioso del canto
esperando deseoso
tan dulce encanto
y su aroma a doncella
con mezcla de jazmín,
gardenias y nardo.
Siempre a las ocho
después del ocaso
mi piedra en la acera
tu asiento en el patio
imponiendo barrera
tapia y púa a lo alto
escucho tu canto
sin haberte nunca mirado
Siempre a las ocho
después del ocaso
desde hace un año
escucho tu canto
parece mentiras
siento el encanto
parece mentiras
tu voz en quebranto
en sumo reclamo
me dice llorando.
Siempre a las ocho
después del ocaso
te canto y te imploro
y nunca me canso
de insinuarte deseosa
con todo el descaro
que rompas barreras
y llegues al patio
para saber tu nombre
y ver tu rostro de encanto
pues de ti mi ser idolatrado
me he enamorado.
Sibelius
después del ocaso
sentado en dura piedra
escucho deslumbrado
de voz de un ángel
que dedicaba su canto
al amor lejano
cuyo rostro y nombre
nunca ha visto y nombrado.
Siempre a las ocho
después del ocaso
mi corazón reprimido
se siente enamorado
mientras en voz de ángel
canta añorando
pueril destello de amor
ceñido en su regazo
Siempre a las ocho
después del ocaso
sin importar la lluvia
el frío o quebranto
llego a mi piedra
ansioso del canto
esperando deseoso
tan dulce encanto
y su aroma a doncella
con mezcla de jazmín,
gardenias y nardo.
Siempre a las ocho
después del ocaso
mi piedra en la acera
tu asiento en el patio
imponiendo barrera
tapia y púa a lo alto
escucho tu canto
sin haberte nunca mirado
Siempre a las ocho
después del ocaso
desde hace un año
escucho tu canto
parece mentiras
siento el encanto
parece mentiras
tu voz en quebranto
en sumo reclamo
me dice llorando.
Siempre a las ocho
después del ocaso
te canto y te imploro
y nunca me canso
de insinuarte deseosa
con todo el descaro
que rompas barreras
y llegues al patio
para saber tu nombre
y ver tu rostro de encanto
pues de ti mi ser idolatrado
me he enamorado.
Sibelius
Última edición: