Esta tarde lluviosa, estás ahí mirando la ventana,
las gotas resbalan y preguntas:
- ¿te hago un cafè mi amor?,
-yo solo asiento con la cabeza.
Me entiendes, me adivinas, parece que leyeras en mi mente que tengo frìo
y me abrazas con una manta, apretàndola a mi cuerpo.
Siento tu cobijo y la ternura con la que me tomas en tus brazos cada tarde,
pero hoy es especial. Y está lloviendo a fuera.
La chimenea al fondo, calienta nuestros cuerpos,
obligàndonos a permanecer unidos,
me tomas las manos, siento la calidez y suavidad de las tuyas.
¡Que maravilla sentirte a mi lado!
asì los dos pensando en este gran amor que nos damos cada día,
con solo mirarnos nos sentimos vivos.
- Amor se acaba tu café
- ¿quieres un poco màs? - me preguntas
- ya no mi amor; quiero que no te apartes de mi lado,
solo abrazame que el fuego de la chimenea se sienta celoso de tus brazos
y ven dame un beso que solo eso necesito para sentirme viva y felíz como ahora
estoy.
Quisiera que este momento libre y placentero no desapareciera nunca,
que nada nos despertarà de este letargo de amor que sentimos.
Ya esta llegando la oscuridad, las estrellas brillan,
- ¡mira pasò una estrella fugaz!
- pide un deseo, me dices.
- ya lo pedí mi vida y serà estar juntos por siempre.
Así, así como en este momento,
iremos llenando nuestra vida de pequeños instantes difíciles de olvidar,
para que en nuestra vejez, solo recordemos instantes llenos de felicidad como este.
Es hora de dormir,
me tomas en tus brazos y me llevas a la cama,
esa testigo de muchas noches,
que vuelve como cada crepúsculo a guardar nuestros grandes sueños.
Así como cada dìa terminan entrelazados nuestros cuerpos, nuestras manos.
Las cobijas son complices de este gran amor y silenciosas a la vez,
ellas guardan nuestro secreto que nadie ha de saber,
esa intimidad que nos lleva y nos arrastra cada dìa,
cada noche a unirnos más y más.
Tomas mi mano, y dices:
- ¡buenas noches amor!
- yo solo asiento con un beso y un ¡HASTA MAÑANA CORAZÓN!.
las gotas resbalan y preguntas:
- ¿te hago un cafè mi amor?,
-yo solo asiento con la cabeza.
Me entiendes, me adivinas, parece que leyeras en mi mente que tengo frìo
y me abrazas con una manta, apretàndola a mi cuerpo.
Siento tu cobijo y la ternura con la que me tomas en tus brazos cada tarde,
pero hoy es especial. Y está lloviendo a fuera.
La chimenea al fondo, calienta nuestros cuerpos,
obligàndonos a permanecer unidos,
me tomas las manos, siento la calidez y suavidad de las tuyas.
¡Que maravilla sentirte a mi lado!
asì los dos pensando en este gran amor que nos damos cada día,
con solo mirarnos nos sentimos vivos.
- Amor se acaba tu café
- ¿quieres un poco màs? - me preguntas
- ya no mi amor; quiero que no te apartes de mi lado,
solo abrazame que el fuego de la chimenea se sienta celoso de tus brazos
y ven dame un beso que solo eso necesito para sentirme viva y felíz como ahora
estoy.
Quisiera que este momento libre y placentero no desapareciera nunca,
que nada nos despertarà de este letargo de amor que sentimos.
Ya esta llegando la oscuridad, las estrellas brillan,
- ¡mira pasò una estrella fugaz!
- pide un deseo, me dices.
- ya lo pedí mi vida y serà estar juntos por siempre.
Así, así como en este momento,
iremos llenando nuestra vida de pequeños instantes difíciles de olvidar,
para que en nuestra vejez, solo recordemos instantes llenos de felicidad como este.
Es hora de dormir,
me tomas en tus brazos y me llevas a la cama,
esa testigo de muchas noches,
que vuelve como cada crepúsculo a guardar nuestros grandes sueños.
Así como cada dìa terminan entrelazados nuestros cuerpos, nuestras manos.
Las cobijas son complices de este gran amor y silenciosas a la vez,
ellas guardan nuestro secreto que nadie ha de saber,
esa intimidad que nos lleva y nos arrastra cada dìa,
cada noche a unirnos más y más.
Tomas mi mano, y dices:
- ¡buenas noches amor!
- yo solo asiento con un beso y un ¡HASTA MAÑANA CORAZÓN!.
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