Otra vez esperando en la estación,
con la lluvia calándome los huesos,
otra vez ni convictos ni confesos,
somos ambos culpables de traición.
Por condenar un sueño a la razón
y así dejar entre mis labios presos
los más puros anhelos de tus besos,
no cabe en mi maleta la pasión.
Seré en el tren viajera sin destino
en busca de un exótico país,
sus playas con palmeras ya imagino,
una canción, un sueño, un nuevo amor.
Si acaso no silencio este dolor,
sé que nos quedará siempre París.
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