José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
El acordado pacto
de robarnos mutuamente las palabras,
en última instancia,
del quicio de la lengua.
Queda el reventar
de las comisuras de los labios
de tanto extirparnos palabras.
Las palabras mojadas de saliva
las tendemos de ganchos.
El sol, que conduce rayos,
el viento, que desvía pruebas,
secan las palabras colgadas.
A veces olvidamos las palabras colgadas,
Se pudren,
de tanto sol, de la lluvia, la humedad.
Podridas, les sale espuma a las palabras.
No hay palabras.
Queda la espuma
y el novedoso trato
de robarnos mutuamente las pieles y las carnes.
Queda el arrancarnos músculos y huesos.
Esos,
los carcomidos de tanto expresar
el desanimo,
la poca atención a los exagerados gestos.
Quedan despojos de cuerpos.
y la espuma.
Siempre flotando sobre las superficies,
Sobre todas las superficies
queda la espuma.
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