Siempre he tenido una mirada triste,
abierta, melancólica y serena,
ninguna desventura me fue ajena,
temprano comprendí que dios no existe.
Desde el mismo momento en que te fuiste
quedé como barquita a la deriva
del caprichoso mar siempre cautiva,
sin un rumbo, sin velas, sin timón,
tan sola como el mismo Robinsón,
buscando una razón para estar viva.
abierta, melancólica y serena,
ninguna desventura me fue ajena,
temprano comprendí que dios no existe.
Desde el mismo momento en que te fuiste
quedé como barquita a la deriva
del caprichoso mar siempre cautiva,
sin un rumbo, sin velas, sin timón,
tan sola como el mismo Robinsón,
buscando una razón para estar viva.
Última edición: