salgomanzano
Poeta veterano en el portal
Clareaba el día,subía entre montes,resplandeciente,tornasolado.Avanzaban las horas.El sol se hacía más alto.Sierra Nevada sacaba su pecho blanco entre las crestas de las montañas vecinas,el Serrallo se desperezaba...Granada comenzaba a moverse.La Alhambra se iluminaba,el Albayzin crecía de cal blanca,la Vega reverdecía de hojas,los empinados barrios reptaban entre callejuelas,la Catedral alzaba sus torres al viento.
Asomado al amplio ventanal del apartamento,el Genil seguía riyendo bulliciosamente (nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar,pensé con el decir de Jorge Manrique),el inmenso espacio se iluminaba de luz,en el polideportivo los jóvenes daban patadas al balón.
Empezaba el ajetreo del día (ir y venir al Paseo de la Bicha).Desayuné fruta y un yogur y una rebanada de pan untada de aceite y miel.Sobre la mesa-camilla una cuartilla en blanco esperaba las letras de la pluma.De pronto sentí frío,mucho frío,coloqué mi mano sobre el costado izquierdo:latía aprisa,el mareo inavadía mi cuerpo.Tumbado sobre el sofá,la manta me arropó.Los pensamientos me corrían,de los ojos caían lágrimas,sentía punzadas en el lado izquierdo,me sentí solo.El dolor interior crecía.Quería irme para siempre.No conciliaba el sueño.Nadie a mi lado.Me llegaba el borbotar del río.Y lloré:a mis labios llegaba el agua salobre que soltaban los ojos.No quiero estar ya,me dije desesperadamente.Me entró el recuerdo de los días amenos confusamente.Me crecía la angustia,la tristeza invadía el débil latir del corazón.Cuánto frío tengo,me dije a solas.Me levanté del sofá.Me encontraba inquieto,entré en la cama,me arropé,no sin antes tragar un sedante para amansar la inquietud que me roía los adentros.No sé qué tiempo estuve en esa circunstancia.Ardía la fiebre.Me acordé de Dios,siendo ateo.No tenía la presencia de ella.Llévame a su vera,le dije al Dios de los cristianos.
Pasaban las horas....La tarde caía por lontananza.El sedante hizo su efecto:me tranquilizó.No llamé a Urgencias
dio los Hospitales.Me levanté,entré a un bar,pedí un café solo,volví al apartamento. Otra vez la soledad sola.La noche empezaba a nacer.Puse la pluma entre los dedos:comencé a ser testigo del momento circunstancial por el que hube estado.
Asomado al amplio ventanal del apartamento,el Genil seguía riyendo bulliciosamente (nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar,pensé con el decir de Jorge Manrique),el inmenso espacio se iluminaba de luz,en el polideportivo los jóvenes daban patadas al balón.
Empezaba el ajetreo del día (ir y venir al Paseo de la Bicha).Desayuné fruta y un yogur y una rebanada de pan untada de aceite y miel.Sobre la mesa-camilla una cuartilla en blanco esperaba las letras de la pluma.De pronto sentí frío,mucho frío,coloqué mi mano sobre el costado izquierdo:latía aprisa,el mareo inavadía mi cuerpo.Tumbado sobre el sofá,la manta me arropó.Los pensamientos me corrían,de los ojos caían lágrimas,sentía punzadas en el lado izquierdo,me sentí solo.El dolor interior crecía.Quería irme para siempre.No conciliaba el sueño.Nadie a mi lado.Me llegaba el borbotar del río.Y lloré:a mis labios llegaba el agua salobre que soltaban los ojos.No quiero estar ya,me dije desesperadamente.Me entró el recuerdo de los días amenos confusamente.Me crecía la angustia,la tristeza invadía el débil latir del corazón.Cuánto frío tengo,me dije a solas.Me levanté del sofá.Me encontraba inquieto,entré en la cama,me arropé,no sin antes tragar un sedante para amansar la inquietud que me roía los adentros.No sé qué tiempo estuve en esa circunstancia.Ardía la fiebre.Me acordé de Dios,siendo ateo.No tenía la presencia de ella.Llévame a su vera,le dije al Dios de los cristianos.
Pasaban las horas....La tarde caía por lontananza.El sedante hizo su efecto:me tranquilizó.No llamé a Urgencias
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