Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
El siete de julio llega
comienzan los San Fermines
la alegría se despliega
sobre un suelo de adoquines.
Las ocho de la mañana,
un cohete surca el cielo
anunciando entre jarana
que ya comienza el encierro.
Todos vestidos de blanco
con pañuelo rojo al cuello,
las alpargatas, de esparto,
y ¡listos para el festejo!
Seis toros y seis cabestros
constituyen la manada,
siempre lidera el más viejo,
un manso de pura raza.
Se suceden las carreras
y situaciones de apuro
en las calles y en sus cuestas
nadie se siente seguro.
Pronto termina el festejo
con más sustos que cornadas,
los mozos con su gracejo
presumen de sus hazañas.
Y las mozas, con salero,
responden muy descaradas:
¡Pues ya será para menos!
y se ríen en sus caras.
comienzan los San Fermines
la alegría se despliega
sobre un suelo de adoquines.
Las ocho de la mañana,
un cohete surca el cielo
anunciando entre jarana
que ya comienza el encierro.
Todos vestidos de blanco
con pañuelo rojo al cuello,
las alpargatas, de esparto,
y ¡listos para el festejo!
Seis toros y seis cabestros
constituyen la manada,
siempre lidera el más viejo,
un manso de pura raza.
Se suceden las carreras
y situaciones de apuro
en las calles y en sus cuestas
nadie se siente seguro.
Pronto termina el festejo
con más sustos que cornadas,
los mozos con su gracejo
presumen de sus hazañas.
Y las mozas, con salero,
responden muy descaradas:
¡Pues ya será para menos!
y se ríen en sus caras.