Nýcolas
Poeta asiduo al portal
Las estrellas amedrentadas en el negro del bestial cielo
Ardían, con mil ojos y mil brazos, y con la furia entre sus brazos
Un magma de terciopelo fundido en el ojo del supremo demonio,
Con el grito del sable sobre el unicornio de mármol que feroz,
Cabalga impío sobre las glaucas praderas del infinito y la natura,
Siempre en constante esplendor cual del sol su magna calidez.
Tormenta, tempestad, truenos y rayos y terror, ¡clamor inmortal!
Brillan los fieros ojos del Áureo Abismo sobre la grieta del espejo;
Y pura, la luz cae como un torrente en el azul fragante
De mi corazón. ¿Pero por qué? ¿Por qué ruje un huracán?
Siento los latidos sin sombra encadenados al Imperio Romano:
Todo lo que es grande debe necesariamente caer; ¡iluminación!
Sólo el Amor nos hará libres. ¡Y rompo las cadenas en ausente
Misericordia mustia! Pero siento mis latidos al borde del.
Silencio.
Ardían, con mil ojos y mil brazos, y con la furia entre sus brazos
Un magma de terciopelo fundido en el ojo del supremo demonio,
Con el grito del sable sobre el unicornio de mármol que feroz,
Cabalga impío sobre las glaucas praderas del infinito y la natura,
Siempre en constante esplendor cual del sol su magna calidez.
Tormenta, tempestad, truenos y rayos y terror, ¡clamor inmortal!
Brillan los fieros ojos del Áureo Abismo sobre la grieta del espejo;
Y pura, la luz cae como un torrente en el azul fragante
De mi corazón. ¿Pero por qué? ¿Por qué ruje un huracán?
Siento los latidos sin sombra encadenados al Imperio Romano:
Todo lo que es grande debe necesariamente caer; ¡iluminación!
Sólo el Amor nos hará libres. ¡Y rompo las cadenas en ausente
Misericordia mustia! Pero siento mis latidos al borde del.
Silencio.