José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
SIGRÚN, la valquiria
Emergen guerreros de carbono y acero,
organismos inertes de vivos deseos.
Un corazón herido, rojo óxido, que no late,
parece dar vida a dos cuerpos exiguos.
Bellos… Radiantes… Serenos.
*En el túmulo, Sigrún, la valquiria,
se abraza a Helgi ensangrentado y le besa;
tras su cota de malla, quebrada, abierta
en batalla, extrae con mimo su corazón herido.
Duermen juntos hasta que él despierta. Se va.
Debe recorrer los caminos rojos de sangre
hacia las puertas del gran salón,
en el cielo de sus antepasados.
Sigrún, le transmite amor en la distancia infinita,
y le ofrenda a su dios Odín, el corazón único
que comparte con su amado, para que a éste,
le abra el gran salón del ansiado Valhalla.
Sigrún, no lo resistió y murió de tristeza.
Odín, alojó a los dos en el Valhalla…
y Sigrún renació como la valquiria Kára.