Andréstoto
Poeta recién llegado
Qué puedo hablar de ti, qué puedo contar de ti; ahora una noche triste, oscura, callada, solo me encuentro, alejado de ti, dentro de mí ciento dolores intensos y callo; no quiero que mi corazón llore más. Porque estoy convencido no saber de ti ya no se que más hacer. Dime frío intenso, dime amargura, por qué es tan oscura mi felicidad, por qué el amor es mi dolor; déjame llora por ti. Cuál es mi terror yo lo sé en mí lecho lo conozco, intento crear poesía para librarme de mi angustia, no sé si tú algún día las leerás. Yo te pregunto. Pregunto por qué estás en mis sueños, por qué cuando ya no te miro, siento que algo me falta; es un tormento, es mí desesperación, te quiero pero no puedo decirte, estoy lejos y prisionero de ti, la noche es amarga, mis sueños desolados están, tú eres mi inspiración; grito en mi mente, clamo que de alguna manera sepas que me has robado la calma, que mas has despojado mi corazón; cuando estoy contigo fugazmente, tiemblo, tengo miedo, tengo paz, tengo estremecimientos; nunca me imagine cuanto duele el estar enamorado, no sabía el padecimiento, la amargura, la desconocía y ahora la siento, la soledad. Me asfixia el no poder aunque sea escribirte una carta de amor, el infortunio me persigue; tu imagen me atormenta; el no poder mirarte a los ojos, tocar tus manos de ángel, de ser alado; princesa, consorte, doncella. Tenerte junto a mí y decirte te quiero
por qué me punza tanto el corazón, mi disciplina de hierro ya no resiste más, hoy estoy sentado en mí triste e inconmensurablemente soledad; pensando sobre ti, qué estás haciendo y trato de gritar con mi mente para que me escuches en la apesadumbra y helada, oscura, lejana e irremediable distancia fulminante. En mí vida tú has sido siempre mi sigilosa inspiración. Cuando miro tu rostro visualizo, observo tu dulzura, tu belleza, tu pureza, tu hermosura, tu firmeza, tu suavidad, tu delicadeza de rosa, tu aroma de jades y claveles de rosas de castilla; tu excelsa belleza, tu rostro tallado por los mismísimos ángeles;. Pero la brutal realidad me llama a dejarte de mirar, doncella de mi vida. Qué hago, qué digo de ti a mí corazón por más que lucho no puedo arrancarte de mí, qué puedo hablarle de ti a mí ser; como te arranco de mi alma si eres mía, si te has trasformado en mí aliento, en mi mente y sueños. Busco por todos lados la manera la cura indeseable el elíxir que me librará. Pero no existe y no puedo; fracaso en el intento. Si eres parte de mi existencia, ya creo que realmente no podré y estoy sujeto a sobrellevar, a sentir dolor por siempre; a llorar en silencio de un triste corazón enamorado. El peor tormento y tragedia es amarte sin que tú sepas. Duerme amor cierra tus ojos y muere, déjame libre ocúltate en mí sombra y desaparece esa llama; extínguete por siempre y perpetuamente. No, no puedo conseguirlo, qué tienes que con solo una mirada y tu voz inmortal y tus ojos de lucero me desarmaste y me doblegaste, me tienes rendido a tus pies; pero no lo sabes lo desconoces. Y otra vez cuando te vuelva a ver, no sabrás que soy esa persona que en el lejano silencio de un saludo, está enamorado y me convertiré solo en un espectador, flemático, áspero, apesadumbrado e inconsolablemente muerto de heridas en su tonto corazón; y solo te miraré, tratando de decirte te quiero en una mirada, en una sola palabra, en mí cordura gritaré al mundo muerto; de mí secreto hablaré de ti en la soledad y desierto de mi pensamiento. Por: Andrés Quinteros R.