Sira
Poeta fiel al portal
Mi mente permanece sumida en el silencio.
Un profundo, monótono e inabarcable silencio.
Una quietud siniestra, esencialmente innatural
atenaza mis dedos y agarrota mis miembros.
Cautiva de esta quietud porfiada y tenaz,
me debato y me repliego, incapaz de escapar
de este fatigoso, aletargador infierno aséptico.
Doy a luz versos muertos, lastimosos engendros
que aprehenden las venas que recorren mi seno.
Trato de insuflarles vida y de guarecerlos
contra mis pechos, pero me descubro incapaz;
acaso me habré olvidado ya de cómo hacerlo.
Ha pasado tanto tiempo... Y, no obstante,
todavía me rebelo y me resisto a abandonar.
Tal vez, en un giro de los acontecimientos,
encuentre un nuevo desvelo; un nuevo amor
imposible o una pasión desmedida y arrebatada
que vaya tiñendo, con desmañadas pinceladas,
el inédito retrato de alguien todavía desconocido.
Los umbríos contornos de una inesperada devoción.
Los bisoños bosquejos de un esperanzador anhelo.
Un profundo, monótono e inabarcable silencio.
Una quietud siniestra, esencialmente innatural
atenaza mis dedos y agarrota mis miembros.
Cautiva de esta quietud porfiada y tenaz,
me debato y me repliego, incapaz de escapar
de este fatigoso, aletargador infierno aséptico.
Doy a luz versos muertos, lastimosos engendros
que aprehenden las venas que recorren mi seno.
Trato de insuflarles vida y de guarecerlos
contra mis pechos, pero me descubro incapaz;
acaso me habré olvidado ya de cómo hacerlo.
Ha pasado tanto tiempo... Y, no obstante,
todavía me rebelo y me resisto a abandonar.
Tal vez, en un giro de los acontecimientos,
encuentre un nuevo desvelo; un nuevo amor
imposible o una pasión desmedida y arrebatada
que vaya tiñendo, con desmañadas pinceladas,
el inédito retrato de alguien todavía desconocido.
Los umbríos contornos de una inesperada devoción.
Los bisoños bosquejos de un esperanzador anhelo.
Última edición: