Duele el silencio en mi calle,
azul está el cielo
después de un día lleno de lluvia.
La acacia no se mueve
pero sus hojas llenas de agua
incesantes se deshacen en el suelo.
Aún el aire es húmedo,
la tierra se envuelve de un vaho especial
que me recuerda a la era,
a las tormentas precipitadas
cuando me empapaba jugando de pequeña.
No me importaban la lluvia
ni las tardes frías
ni andar a tientas entre las higueras,
haciéndose las hojas, débilmente,
a la luz amarilla,
a la noche negra,
con la débil luna
de candil pendiente
atada al alto cielo.
Mi tarde hoy es serena,
atenta a la llave tenue
que abra la puerta
llenando de pasos
la suave madera.
Rompiendo el silencio
la gatita anuncia ya por la escalera
de quién es la entrada,
de quién las caricias
que su lomo inquieto
recibirá al saludarla..
y en silencio otro rato
quedará la entrada
sin quejarse el suelo
de ninguna pisada.
azul está el cielo
después de un día lleno de lluvia.
La acacia no se mueve
pero sus hojas llenas de agua
incesantes se deshacen en el suelo.
Aún el aire es húmedo,
la tierra se envuelve de un vaho especial
que me recuerda a la era,
a las tormentas precipitadas
cuando me empapaba jugando de pequeña.
No me importaban la lluvia
ni las tardes frías
ni andar a tientas entre las higueras,
haciéndose las hojas, débilmente,
a la luz amarilla,
a la noche negra,
con la débil luna
de candil pendiente
atada al alto cielo.
Mi tarde hoy es serena,
atenta a la llave tenue
que abra la puerta
llenando de pasos
la suave madera.
Rompiendo el silencio
la gatita anuncia ya por la escalera
de quién es la entrada,
de quién las caricias
que su lomo inquieto
recibirá al saludarla..
y en silencio otro rato
quedará la entrada
sin quejarse el suelo
de ninguna pisada.