Ricardo Llamosas
Poeta recién llegado
Aquí, encerrado en mi, te escucho
enarbolando vacio atronador
que se crispa encorajinado de espacio
mientras oreja se aplica en buscarte.
Y te estiras desnudo en los ecos arrogantes,
pero agazapado callar los ígneos
con tu ardua paciencia engullidora.
Y sude la vorágine estrepitosa
abocada a remansos apaciguadores
los del siempre tras jaurías del grito.
Eres tú, silencio, hocico intachable del mundo,
incursión etérea del oído agudizador
quien recoge sutil los halitos del aire
quien prevalece en su colchón ingrávido.
Incorregible tu, también en los eternos,
cuando recreas apaciguador en la inmensidad
que encuentra camino por tus inmortales.
Ahora te veo, y te palpo al retirar sonido,
someramente útil esquinando sus junglas,
esas que deposita la jornada aturulladora.
Y amo tu cráneo de plumas siseadoras
que aguarda el altercado se diluya
haciendo póstuma tal jarana obcecada,
o al menos, codiciando su descanso.
Gracias tantas encontrado silencio
por estas tus tripas debidas de ti.
enarbolando vacio atronador
que se crispa encorajinado de espacio
mientras oreja se aplica en buscarte.
Y te estiras desnudo en los ecos arrogantes,
pero agazapado callar los ígneos
con tu ardua paciencia engullidora.
Y sude la vorágine estrepitosa
abocada a remansos apaciguadores
los del siempre tras jaurías del grito.
Eres tú, silencio, hocico intachable del mundo,
incursión etérea del oído agudizador
quien recoge sutil los halitos del aire
quien prevalece en su colchón ingrávido.
Incorregible tu, también en los eternos,
cuando recreas apaciguador en la inmensidad
que encuentra camino por tus inmortales.
Ahora te veo, y te palpo al retirar sonido,
someramente útil esquinando sus junglas,
esas que deposita la jornada aturulladora.
Y amo tu cráneo de plumas siseadoras
que aguarda el altercado se diluya
haciendo póstuma tal jarana obcecada,
o al menos, codiciando su descanso.
Gracias tantas encontrado silencio
por estas tus tripas debidas de ti.