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Regreso a casa con el aroma de tu piel,
con los rayos fríos de la pálida luna,
por esas calles coralinas y saladas
en las cuales solo hay despedidas tristes
que se adueñan de un débil dolor,
de una culpa ya sin reflejo ni color,
mas ya nada me hace volver la mirada
y alcanzar el recuerdo del corazón.
Es cierto, nada nos debemos, nada,
ni siquiera hubo falsas promesas
y ahora el amor libre de nuestras manos
anega al mundo con flores nuevas,
pero las nuestras marchitas son el lecho
por donde caminarán otras huellas;
somos las hojas inertes de un otoño
que dará vida a frugales suspiros,
y aunque somos principio y final
de un inacabado y triste verso,
palabras en el cenit de un poema,
su declamación será una sorda voz.
Ahora amarte se me hace tan difícil,
hemos creado una partitura de silencio,
un árbol que vive siempre en el otoño,
mil luces que ciegan al ocaso del sol,
mas no sé como romper con el recuerdo
que sobrevive en los endebles latidos
de este viejo y herido corazón…
Pero bien sabemos, aún en el amor,
que fuimos una nota alegre y feliz
en la melodía eterna de un mundo
que espera iluminar nuevos versos,
versos donde tú y yo somos el esbozo
de dos sombras silentes en el recuerdo.
Regreso a casa con el aroma de tu piel,
con los rayos fríos de la pálida luna,
por esas calles coralinas y saladas
en las cuales solo hay despedidas tristes
que se adueñan de un débil dolor,
de una culpa ya sin reflejo ni color,
mas ya nada me hace volver la mirada
y alcanzar el recuerdo del corazón.
Es cierto, nada nos debemos, nada,
ni siquiera hubo falsas promesas
y ahora el amor libre de nuestras manos
anega al mundo con flores nuevas,
pero las nuestras marchitas son el lecho
por donde caminarán otras huellas;
somos las hojas inertes de un otoño
que dará vida a frugales suspiros,
y aunque somos principio y final
de un inacabado y triste verso,
palabras en el cenit de un poema,
su declamación será una sorda voz.
Ahora amarte se me hace tan difícil,
hemos creado una partitura de silencio,
un árbol que vive siempre en el otoño,
mil luces que ciegan al ocaso del sol,
mas no sé como romper con el recuerdo
que sobrevive en los endebles latidos
de este viejo y herido corazón…
Pero bien sabemos, aún en el amor,
que fuimos una nota alegre y feliz
en la melodía eterna de un mundo
que espera iluminar nuevos versos,
versos donde tú y yo somos el esbozo
de dos sombras silentes en el recuerdo.