Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Caminé con los pies descalzos
y envueltos en ilusión,
haciendo camino en la luna
pisando un mar de acuarelas
y formando siluetas con pincel y pinturas.
Navegué con Simbad por el séptimo mar
y le robamos el alma a cien puritanos,
que creyeron que éramos Elías y Juan
y descubrieron tarde que éramos dos mercenarios.
Le robé el jolgorio a la aurora
y apareció tarde, casi una hora después
enfadada con varios fulanos
que fueron testigos del anillo que se escapó de su mano
y que cayó de rebote en nuestra red.
Nunca a nadie aconsejé
porque mis consejos casi nunca tienen razón,
frecuentemente se agobian
y se oprimen a ratos por obligación.
Si fuéramos redentores Simbad y yo
y no un par de ladrones que huyen sin botín
seríamos héroes entre los carteles
que ofrecen cien verdes por nuestro bombín.
Ah... amigo Simbad
que embarcaste una madrugada de noviembre
entre las playas desnudas de esta ciudad,
recuérdame siempre
como el más afortunado que consiguió tu amistad.
y envueltos en ilusión,
haciendo camino en la luna
pisando un mar de acuarelas
y formando siluetas con pincel y pinturas.
Navegué con Simbad por el séptimo mar
y le robamos el alma a cien puritanos,
que creyeron que éramos Elías y Juan
y descubrieron tarde que éramos dos mercenarios.
Le robé el jolgorio a la aurora
y apareció tarde, casi una hora después
enfadada con varios fulanos
que fueron testigos del anillo que se escapó de su mano
y que cayó de rebote en nuestra red.
Nunca a nadie aconsejé
porque mis consejos casi nunca tienen razón,
frecuentemente se agobian
y se oprimen a ratos por obligación.
Si fuéramos redentores Simbad y yo
y no un par de ladrones que huyen sin botín
seríamos héroes entre los carteles
que ofrecen cien verdes por nuestro bombín.
Ah... amigo Simbad
que embarcaste una madrugada de noviembre
entre las playas desnudas de esta ciudad,
recuérdame siempre
como el más afortunado que consiguió tu amistad.