LuKaS
L'enfant terrible
¿Cómo el hierro, abraza a la piel? ¿Por qué? ¿Por qué lo haría si, por amor entiende, lo que ella entiende por calor?
No es culpa de nadie. Los dos son nobles. Solo, son diferentes. Nacieron distintos. Con distinto propósito.
Ella es una dama delicada, absoluta, tibia, reconfortante. Hay veces en que la vida la anhela tanto, apasionada, que se escapa de contexto, para deslizarse, tibia, por su velo.
Él, es un caballero inerte. Insípido, duro. Con sabores, matices y fuerzas extraordinarias a su tutela. Formado. Forjado. Su cerradura no abre con simples llaves. Su templanza es infinita. Y su corazón, es ausencia. Es inexistencia. No está ahí.
Son tan distintos. Actúan, viven, distinto. Siquiera alguna vez coinciden en pensamientos. Azar, si así lo hacen. Meramente los caminos ya trazados, que recorren por correspondencia. Por deambular.
Se ven poco. Se ven poco pero, a veces, más seguido. Sí, he comenzado a verlos andar juntos. Más de lo habitual, puedo decir. No sé si es ella, su deseo eterno de abrazar y amoldarse a los pilares más impenetrables. Demuelen templos en su nombre. Construyen refugios, en el de ella.
Y aún así, están destinados a estar juntos. Bueno, no lo sé con certeza. Soy un cronista de este viaje pero… pero, eso parece. Lo que pasa por mi cabeza ahora es ¿Cómo pasó? ¿Fue ella, a quién nada ni nadie se le resiste o él, al que todo a su paso se le inclina? Realmente, la pregunta es de poca importancia. Es, más bien, el asombro que causa verlos pasear juntos. Estoy feliz por ellos.
Limpio los cristales y sigo con mi trabajo.
No es culpa de nadie. Los dos son nobles. Solo, son diferentes. Nacieron distintos. Con distinto propósito.
Ella es una dama delicada, absoluta, tibia, reconfortante. Hay veces en que la vida la anhela tanto, apasionada, que se escapa de contexto, para deslizarse, tibia, por su velo.
Él, es un caballero inerte. Insípido, duro. Con sabores, matices y fuerzas extraordinarias a su tutela. Formado. Forjado. Su cerradura no abre con simples llaves. Su templanza es infinita. Y su corazón, es ausencia. Es inexistencia. No está ahí.
Son tan distintos. Actúan, viven, distinto. Siquiera alguna vez coinciden en pensamientos. Azar, si así lo hacen. Meramente los caminos ya trazados, que recorren por correspondencia. Por deambular.
Se ven poco. Se ven poco pero, a veces, más seguido. Sí, he comenzado a verlos andar juntos. Más de lo habitual, puedo decir. No sé si es ella, su deseo eterno de abrazar y amoldarse a los pilares más impenetrables. Demuelen templos en su nombre. Construyen refugios, en el de ella.
Y aún así, están destinados a estar juntos. Bueno, no lo sé con certeza. Soy un cronista de este viaje pero… pero, eso parece. Lo que pasa por mi cabeza ahora es ¿Cómo pasó? ¿Fue ella, a quién nada ni nadie se le resiste o él, al que todo a su paso se le inclina? Realmente, la pregunta es de poca importancia. Es, más bien, el asombro que causa verlos pasear juntos. Estoy feliz por ellos.
Limpio los cristales y sigo con mi trabajo.