Historia inconclusa de un amor consumado...
Aquella noche la contemple desde lejos con un dolor inconfundible,
los apenas audibles latidos de mi corazón
se apagaban cada vez más; - Se ve feliz- pensé en silencio mientras la contemplaba sin poder
hacer mas que ahogar el llanto de mi corazón
obligándome a llorar en silencio.
Mis triunfos y errores me han traído a este punto,
inconcebiblemente cerca, e inimaginable mente lejos;
-¿Acaso he hecho todo ya?, ¿ Sera este mi doloroso destino el estar apartado de ella?,
cientos de preguntas más rondaban mi mente en una espesa nube de confusión y melancolía,
mientras en voz baja repetía: - Es culpa mía, la he perdido-
y mientras decía esto cerré el libro que ahora más bien parecía sostenerme a mí,
esta debilidad... esta impotencia...; Yo solo quería correr hacia ella, tomarla entre mis brazos
y decirle... ¡Gritarle! ¡ Te Amo!,
cuando de pronto sin darme cuenta arrojé el libro a la calle, y haciendo uso del último aliento de mi
casi totalmente consumido espíritu, corrí hacia ella en un impulso inexplicable de mi corazón por no rendirse jamás;
y antes de que siquiera supiera qué estaba pasando... la bese.
En ese momento los segundos se volvieron horas, y con lacónica voz le susurre al oído
-Te amo... lo sabes desde siempre por que tu también me amas.-
mis ojos no pudieron reprimir mas mi llanto, y sonriéndome me miro y me dijo...
Rey Carlos I, El Sol bohemio.
Set, 2010
Aquella noche la contemple desde lejos con un dolor inconfundible,
los apenas audibles latidos de mi corazón
se apagaban cada vez más; - Se ve feliz- pensé en silencio mientras la contemplaba sin poder
hacer mas que ahogar el llanto de mi corazón
obligándome a llorar en silencio.
Mis triunfos y errores me han traído a este punto,
inconcebiblemente cerca, e inimaginable mente lejos;
-¿Acaso he hecho todo ya?, ¿ Sera este mi doloroso destino el estar apartado de ella?,
cientos de preguntas más rondaban mi mente en una espesa nube de confusión y melancolía,
mientras en voz baja repetía: - Es culpa mía, la he perdido-
y mientras decía esto cerré el libro que ahora más bien parecía sostenerme a mí,
esta debilidad... esta impotencia...; Yo solo quería correr hacia ella, tomarla entre mis brazos
y decirle... ¡Gritarle! ¡ Te Amo!,
cuando de pronto sin darme cuenta arrojé el libro a la calle, y haciendo uso del último aliento de mi
casi totalmente consumido espíritu, corrí hacia ella en un impulso inexplicable de mi corazón por no rendirse jamás;
y antes de que siquiera supiera qué estaba pasando... la bese.
En ese momento los segundos se volvieron horas, y con lacónica voz le susurre al oído
-Te amo... lo sabes desde siempre por que tu también me amas.-
mis ojos no pudieron reprimir mas mi llanto, y sonriéndome me miro y me dijo...
Rey Carlos I, El Sol bohemio.
Set, 2010
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