Starsev Ionich
Poeta asiduo al portal
Sin contenido.
El día burla los vidrios rotos,
las pistas de hielo se desquebrajan,
como un zig- zag entusiasta del croché de ciegos.
El artista que ha caído,
golpea con violencia
debajo del tempano de hielo,
dilucida el sol con alegría
en medio de grados bajo cero ,
y las ruedas de sus patines,
se mueven,
al ritmo de las corrientes congeladas.
Una madre fortalece los helechos de su hijo.
De su mano, con ternura,
con suprema mesura,
habla de la realidad más allá de Peter Pan y los piratas,
sin olvidar el tintineo de campanita,
el trato que se deben a los hilos de la infancia.
Siento que debo salir de las paredes tristes,
siento que me desperdicio como una rata en la boca de tormenta,
quisiera estar dando vueltas en una caja de conducta,
con comida lista;
o hablar con algún hombre,
de que sus golpes no la enamoran,
de que a pesar que obedece,
sola la atormenta.
El día burla los vidrios rotos,
las pistas de hielo se desquebrajan,
como un zig- zag entusiasta del croché de ciegos.
El artista que ha caído,
golpea con violencia
debajo del tempano de hielo,
dilucida el sol con alegría
en medio de grados bajo cero ,
y las ruedas de sus patines,
se mueven,
al ritmo de las corrientes congeladas.
Una madre fortalece los helechos de su hijo.
De su mano, con ternura,
con suprema mesura,
habla de la realidad más allá de Peter Pan y los piratas,
sin olvidar el tintineo de campanita,
el trato que se deben a los hilos de la infancia.
Siento que debo salir de las paredes tristes,
siento que me desperdicio como una rata en la boca de tormenta,
quisiera estar dando vueltas en una caja de conducta,
con comida lista;
o hablar con algún hombre,
de que sus golpes no la enamoran,
de que a pesar que obedece,
sola la atormenta.