Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Cada año le pido al azar que me invente
una dirección huérfana de esquinas,
un nuevo sur sin golondrinas ni gaviotas,
otra casa en la calle del mar
que haya extraviado el número
entre tus escasas letras y que tenga
en las ventanas distraídas sus persianas,
una morada desteñida a la que no le hayan
regado el timbre y ya se le haya marchitado
de tanto añorar las huellas de mis dedos,
una donde nunca vivas,
donde nunca mueras y no tenga buzón ni ombligo
ni una jacaranda
que le anuncie la llegada de las primaveras,
una donde nunca hayan vivido los recuerdos
ni se muera nadie por leer tu apodo abrasándose
a mi nombre entre mis letras y explicando que
debajo de esta luna aún me deshidrato
al recordar que cerca de estas fechas fuimos uno,
cada año cuando llega ésta harta luna
me llueven en el alma y en los ojos tus palabras
cual serpientes,
cada año envió una carta
sin moral diciendo en ella dos palabras
con tu nombre y apellido relatando con detalles
como rayé tu pecho con los zumos de mi cuerpo
y la cordura que renté después de los desastres.
Cada tarde cerca de estas fechas me recuerdo
que en la y griega de tus piernas asfixiamos mi cordura.
El azar ha sido bueno y hasta ahora no ha escogido
ni un oriente, nadie ha devuelto esas cartas,
creo que nadie sabe reclamar el exceso de amor
con el que narro ese acto en el que recorrimos
nuestros interiores y las pieles, o tal vez amor,
nadie siente, nadie abre, nadie lee.
Due®. 18.3.11 en una tarde plena de luna llena, plena como pleno fui a su lado.
una dirección huérfana de esquinas,
un nuevo sur sin golondrinas ni gaviotas,
otra casa en la calle del mar
que haya extraviado el número
entre tus escasas letras y que tenga
en las ventanas distraídas sus persianas,
una morada desteñida a la que no le hayan
regado el timbre y ya se le haya marchitado
de tanto añorar las huellas de mis dedos,
una donde nunca vivas,
donde nunca mueras y no tenga buzón ni ombligo
ni una jacaranda
que le anuncie la llegada de las primaveras,
una donde nunca hayan vivido los recuerdos
ni se muera nadie por leer tu apodo abrasándose
a mi nombre entre mis letras y explicando que
debajo de esta luna aún me deshidrato
al recordar que cerca de estas fechas fuimos uno,
cada año cuando llega ésta harta luna
me llueven en el alma y en los ojos tus palabras
cual serpientes,
cada año envió una carta
sin moral diciendo en ella dos palabras
con tu nombre y apellido relatando con detalles
como rayé tu pecho con los zumos de mi cuerpo
y la cordura que renté después de los desastres.
Cada tarde cerca de estas fechas me recuerdo
que en la y griega de tus piernas asfixiamos mi cordura.
El azar ha sido bueno y hasta ahora no ha escogido
ni un oriente, nadie ha devuelto esas cartas,
creo que nadie sabe reclamar el exceso de amor
con el que narro ese acto en el que recorrimos
nuestros interiores y las pieles, o tal vez amor,
nadie siente, nadie abre, nadie lee.
Due®. 18.3.11 en una tarde plena de luna llena, plena como pleno fui a su lado.
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