Alancalito
Poeta recién llegado
En mis labios, engendros del infierno,
habita un beso puro que al mas leve
sonido de tu voz, corriente y breve
se inmola, se reduce y vuelve eterno
Se expanden en tus brazos cien solares
tormentas en que bullen mis dos hombros:
me abrazas , rompes y vuelves escombros
inertes fríos negros y dispares.
Los cuarzos de tu angélico semblante
simulan darme la luz matutina,
me ahoga un gran torrente de ambarina!
Me petrificas en un corto instante.
No sé que tienes del octavo coro
de Apolo, no se qué tienes de Atlante
que cada cosa que dices adoro
por más pesada grave o humillante.
Luz, oscuridad, fuego y agua clara,
cura, veneno, escudo y luego cara...
habita un beso puro que al mas leve
sonido de tu voz, corriente y breve
se inmola, se reduce y vuelve eterno
Se expanden en tus brazos cien solares
tormentas en que bullen mis dos hombros:
me abrazas , rompes y vuelves escombros
inertes fríos negros y dispares.
Los cuarzos de tu angélico semblante
simulan darme la luz matutina,
me ahoga un gran torrente de ambarina!
Me petrificas en un corto instante.
No sé que tienes del octavo coro
de Apolo, no se qué tienes de Atlante
que cada cosa que dices adoro
por más pesada grave o humillante.
Luz, oscuridad, fuego y agua clara,
cura, veneno, escudo y luego cara...