IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Se sabe amarga la luz,
insulsa el alma que la busca,
batallando contra si misma,
contra esa oscuridad
que a todos nos ahoga,
abruma la bruma del cielo,
así como el mar la entiende,
por su espuma y por su tez,
siendo tan similares,
rostro de plata,
no cercenes tu corazón
por razones muertas,
cuerpo de yedra,
tu alma de piedra te consume,
como estatuas al vacío,
como testimonio del imperio que fue,
ahora polvo y lamento,
como el lento jipiar de los vientos,
trémulos mortales,
su latir inunda de almas los cielos,
reordenando el cauce eterno,
¿cuantas vidas merecen la calma?,
¿cuantas silencio?
aglomeradas
a la tristeza que no se cuestiona,
conglomerados los cuerpos,
ahora olvido,
y se perderán en cada boca,
los relatos de algún mundo idílico,
que fue sueño,
que es herida,
perdida,
perdido,
que fue nuestro,
ahora de nadie.
insulsa el alma que la busca,
batallando contra si misma,
contra esa oscuridad
que a todos nos ahoga,
abruma la bruma del cielo,
así como el mar la entiende,
por su espuma y por su tez,
siendo tan similares,
rostro de plata,
no cercenes tu corazón
por razones muertas,
cuerpo de yedra,
tu alma de piedra te consume,
como estatuas al vacío,
como testimonio del imperio que fue,
ahora polvo y lamento,
como el lento jipiar de los vientos,
trémulos mortales,
su latir inunda de almas los cielos,
reordenando el cauce eterno,
¿cuantas vidas merecen la calma?,
¿cuantas silencio?
aglomeradas
a la tristeza que no se cuestiona,
conglomerados los cuerpos,
ahora olvido,
y se perderán en cada boca,
los relatos de algún mundo idílico,
que fue sueño,
que es herida,
perdida,
perdido,
que fue nuestro,
ahora de nadie.