Sin horizonte

MarcosR

Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando lo supo,
dejó de ser real para los truenos
que azotaban las costas
y nada se escapó de sus dominios
hasta casi la noche.
Eran tiempos de oídos para oír
y manos para dar,
y mesas circulares
tumbadas a la sombra de un sol entrecortado,
donde los mamelucos
se colgaban adentro
hasta el próximo estruendo,
y las horas caían
con peso en las gargantas,
y las flores crecían, sedientas,
entre escombros,
pero aún se cantaba,
aunque solo fuera para templar el alma
y hacer retroceder un poco al menos
el plomo de las balas,
que cada tardecita
oscurecían el cielo
volando cómo pájaros negros
perforando los sueños, encima de los niños.
Ella no lo sabía,
y es que nunca había sido sencillo
sentarse a dibujar mapas lejanos,
o adherirse al escaño marchito
de las torres cegadas de campanas,
el oficio grotesco de callar las plegarias.
Pero todo cayó,
y todo fue ceniza.
Algunos lograron enterrarse,
otros fueron cortados a destiempo
para luego secarse
al sol de la mañana.
Pero ella se contuvo las ganas de correr,
e inmóvil se quedó,
sin horizonte,
con las manos pegadas al silencio...
...y hasta ahora se pregunta:

¿Por qué a nadie le importa?
¿Por qué se los llevaron?
¿Por qué se quedó sola?
 
Última edición:
Cuando lo supo,
dejó de ser real para los truenos
que azotaban las costas
y nada se escapó de sus dominios
hasta casi la noche.
Eran tiempos de oídos para oír
y manos para dar,
y mesas circulares
tumbadas a la sombra de un sol entrecortado,
donde los mamelucos
se colgaban adentro
hasta el próximo estruendo,
y las horas caían
con peso en las gargantas,
y las flores crecían, sedientas,
entre escombros,
pero aún se cantaba,
aunque solo fuera para templar el alma
y hacer retroceder un poco al menos
el plomo de las balas,
que cada tardecita
oscurecían el cielo
volando cómo pájaros negros
perforando los sueños, encima de los niños.
Ella no lo sabía,
y es que nunca había sido sencillo
sentarse a dibujar mapas lejanos,
o adherirse al escaño marchito
de las torres cegadas de campanas,
el oficio grotesco de callar las plegarias.
Pero todo cayó,
y todo fue ceniza.
Algunos lograron enterrarse,
otros fueron cortados a destiempo
para luego secarse
al sol de la mañana.
Pero ella se contuvo las ganas de correr,
e inmóvil se quedó,
sin horizonte,
con las manos pegadas al silencio...
...y hasta ahora se pregunta:

¿Por qué a nadie le importa?
¿Por qué se los llevaron?
¿Por qué se quedó sola?
El impacto devastador de la guerra y la violencia.
Pobre mujer atrapada en el eco de un mundo que se desmorona.
Cuanta resiliencia del espíritu humano.

Saludos
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba